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Antolín Castro  
  España [ 21/02/2001 ]  
UN PLAN HIDROLÓGICO

Las premisas fundamentales de un plan hidrológico, radican, ni mas ni menos, en establecer una distribución del agua disponible. Dicha distribución, naturalmente, deberá hacerse buscando de forma racional el beneficio del conjunto de la comunidad -no me refiero a ninguna autónoma-social, o lo que es igual la ciudadanía toda de un estado, de una nación, un país, una región, o si hiciera falta la Unión Europea. En resumen, trabajar en beneficio de todos.

Cuando se dice trabajar en beneficio de todos, es preciso dejar constancia de que ese todos, nunca será válido para muchos de los que lo componen, si bien el interés general habrá de prevalecer ante los intereses de unos pocos, sea esto dicho con el mayor respeto para aquellos que pudieran sentirse perjudicados. Es en estos casos, cuando alguno o algunos se sienten perjudicados, cuando entra en liza el principio de la solidaridad, ya sea esta local, regional, nacional o, como decíamos, hasta europea.

Los gobernantes, por el hecho de gobernar, deberán administrar con buena mano, pero mano firme, estos principios. Siempre los principios han de estar por encima de los intereses, que como su nombre indica se apoyan en el interés, aunque este fuera legítimo. El aprovechamiento de los caudales de agua que de siempre ha reportado la cornisa cantábrica y el norte en su conjunto, era, es una asignatura pendiente desde que yo tengo memoria. Siempre alguien lo iba a acometer, pero siempre, también, todos los gobiernos conocidos, lo dejaban sin hacer. Ahora, ¡por fin! ya está sobre la mesa  el proyecto. Un proyecto racional: aprovechar el caudal de agua que vierte al mar ¡sí, al mar!, para poder suministrar otras tierras que padecen sistemáticas sequías.

A este plan, bueno, malo o regular, según se aplique el refranero español de que “cada cual arrima el ascua a su sardina”, solo, bajo mi punto de vista, le falta una cosa, que es que YA DEBERIA ESTAR HECHO. A veces, muchas, casi siempre, se necesita demostrar sobre la práctica la evidencia que ese interés del que hablábamos no concede. Cuando, tras el impresionante gasto presupuestario, fluya el agua por esos campos ahítos de tan siquiera una humedad que llevarse a sus raíces; cuando el empecinamiento de otros sigan viendo correr por sus tierras los mismos caudales que vienen acostumbrados a ver sus ojos; cuando Cantabria tierra que ve nacer ese río Ebro, que será, para entonces, la fuente regante de media España, pueda sentir la satisfacción de saber que no sólo Aragón y Cataluña se “bendicen” con “sus” aguas, todos habremos formado una hermandad que participa de los dones que en modo alguno tienen propiedad. Los hechos serán, por tanto, la mejor lección para todos.

Y no crean que estas cosas le suceden sólo al plan hidrológico propuesto por el gobierno. ¡No!, la misma obstinación se mantiene en pleitos locales, cuyo fundamento habrá que encontrarlo, quizás, en los antepasados de la era cuaternaria, cuando a base de garrota se disputaban los territorios y sus beneficios. Sin ir más lejos, conozco como un Consistorio de un municipio llamado Pozo de Guadalajara, se niega a que una promoción de viviendas de un municipio colindante pueda tomar el agua de la red general que pasa por su territorio.

De nada valen, ni han valido las certificaciones oficiales que les garantizan que ni les ha de faltar agua ni presión. De ningún modo aceptan la petición del municipio vecino, que les alienta a que el sentido común impere. ¡Nada! les hace bajarse del burro en el que se han subido. En nada les preocupa, que por su obstinación, cientos de familias sufran por no ver el comienzo de sus casas, de sus hogares. Ese empecinamiento, defenderá sus legítimos intereses, pero flaco favor viene haciendo a esas familias que esperan sus viviendas. El interés general indica que habría que defender los derechos de esas familias, que además representan mayor población que quienes se lo niegan.  

Como ven, queridos lectores, da igual a gran escala, que a nivel local. Cuando se trata de repartir, incluso lo que no es tuyo, la condición humana tiene, casi siempre, un solo comportamiento, la negación. Por eso, el plan pretende lo que pretende, que sea agua lo que reparta y que lo haga de modo lógico. Lo contrario, lo que defienden todos esos que lo niegan, es un Plan HidroILÓGICO.

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