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Antolín Castro  
  España [ 09/01/2001 ]  
8 - 6

Con estos escuetos guarismos titulamos este trabajo de hoy. Y no crean, es un trabajo duro. Nunca tan poco significó tanto. Veamos.

Antes que nada debemos alertar a los aficionados deportivos, de que no es un resultado del fútbol, ni de balonmano, etc.. No guarda relación con ningún equipo rival, ni propio. Tampoco es una resta ¿o sí?. Quien sabe.

El caso es que las cifras han sido ampliamente difundidas por todos los medios de comunicación. A ellas se han referido en infinidad de polémicas y han servido para que las tertulias radiofónicas hayan adquirido unos niveles de apasionamiento casi sin precedentes. Ni ganando la Selección española de fútbol el Campeonato del Mundo, se hubiera dedicado tanto tiempo. No son tampoco cifras del medallero olímpico, ni reflejan los toros lidiados en cualquier festejo taurino – además de los 6 anunciados, los dos sobreros, total 8-. Son cifras que representan la “claridad”. Es decir, aquellas que “dejan claro” algo.

Nuestros lectores sabrán disculpar tan excesivas vueltas, estos circunloquios. Pero se hacía necesario para poder hablar del valor que representan: “La Claridad”. Con este resultado, a los de a pié, nos ha quedado claro que la ley es la ley –me permito ponerlo en minúsculas, en función de la valía representada-. Los de a pié; es decir, la gran mayoría de los que cada día nos levantamos para ir a trabajar, no sabíamos que las leyes son el fútbol, que se obtienen de ellas unos resultados que llevan aparejados el estado del terreno, la actuación del arbitro y sus auxiliares, las inclemencias del tiempo, la fortuna o mala suerte de los contendientes, así como el peso que tienen los clubes en la federación respectiva. No, los de a pié, siempre habíamos pensado que la Ley, con mayúsculas, era algo más riguroso, más formal, más macizo en suma. No podíamos imaginar que para su aplicación se necesitaban tantos artilugios, tantos vericuetos. No, más bien, pensábamos que su aplicación era fluida, que sus efectos se deslizaban con absoluta armonía, producto todo ello de la máxima constitucional, de ser todos iguales ante la Ley.

Hoy, sabemos que no. Que dependerá del tiempo, de la interpretación del árbitro y sus auxiliares, etc.. En suma, que al igual que en un partido de fútbol, no es previsible su resultado. ¡Y pensábamos que se habían hecho para la protección colectiva e individualizada de los derechos de cada uno, de todos!. ¿Cómo se protegen y velan por esos derechos, si se dejan al arbitrio de si han visto –o no han querido ver- “el penalti”?. ¿Cómo es posible dejar tan al libre albedrío cosas infinitamente más serias que el fútbol?. Convengamos, además, que para el estamento arbitral futbolístico, se piden constantemente que se realicen reuniones para unificación de criterios. De ese modo, ¿deberíamos pedir también ese tipo de reuniones en el Supremo, para que se aclaren y unifiquen criterios?. La importancia y la trascendencia de las decisiones que toman, aconsejan que sí. Máxime si con ello se pone en peligro la imprescindible credibilidad de tan alto Tribunal. No es posible, para los de a pié, que esas decisiones nublen esa “CLARIDAD” de la que hablábamos.  

No parece serio, que los ciudadanos de a pié, tengamos que desconfiar de quienes están obligados a administrar la justicia. La sensación que supone tal divergencia de criterio y de opinión, hace no que se tambalee la confianza en el Supremo, sino que se derrumbe, al amparo de la falta del criterio mantenido. Las leyes no pueden ser moneda de cambio, sino la esperanza fundada de quien acude a ellas para encontrar la respuesta, la claridad a su desconocimiento. Si a la postre, lo que se da es la sensación de que ni ellos se ponen de acuerdo, de que ni ellos son capaces de interpretarlas con la misma luz, la claridad se oscurece, y con ello, se oscurece el faro que siempre debería representar el Supremo.

Por todo lo expuesto, los de a pié bastante tenemos con que en el fútbol unos digan que fue o no fuera de juego, en términos de Justicia con mayúsculas, no es admisible tal discrepancia y además en esa proporción. Con todos los respetos, los de a pié, valoramos igual el 8 que el 6. O lo que es lo mismo, quedan descalificados para arbitrar más partidos, en tanto no den un curso de unificación de criterios. Los aficionados al fútbol admitimos esas discrepancias, los ciudadanos de España no podemos vivir, en asuntos tan serios, al libre albedrío. ¡Que se aclaren!.

P.D. Los de a pié no queremos –aunque lo sabemos o intuimos- decir quienes llevan la razón. Para establecer la claridad de la razón deberían estar ellos. Si esa función no la cumplen, haciendo que sigamos dudando de la verdadera posición de la Ley, que se vayan a arbitrar partidos de fútbol. Ahí, sí podríamos ser más condescendientes con ellos y con sus criterios.

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