Triunfar en una corrida de toros no se puede medir sólo por el éxito cosechado, las ovaciones masivas, los despojos concedidos como premio por un público más o menos entusiasta e indocto. Triunfar es decir la verdad que uno tiene delante del toro que se la pide. Los toros de Dolores Aguirre pedían cosas complicadas y dispares. Listos por mansos, agresivos por encastados, fieros como el cuarto que intentó saltar las tablas en pos de Mellinas y embistió a oleadas a la muleta de Rafaelillo, la nobleza no estaba incluida entre sus cualidades, no digamos la docilidad imperante otras tardes. Los picadores apuntaban a romper el espinazo, mucho detrás del morrillo y recargando y escarbando sin ninguna consideración hacia la casta del toro, ni a la dignidad de su profesión, para desgastar cuanto antes las fuerzas de los toros. El propio Esquivel que viene de picar triunfalmente en Vic-Fezensac con cuatro varas a otro Dolores Aguirre, mechó indiscriminadamente en dos entradas los lomos del fiero Caracorta. En los pensamientos de muchos, si hubiéramos conocido la condición del toro, hubiéramos deseado que le tocara a Rafaelillo en el sorteo, quien reúne la capacidad, destreza y decisión necesarias para dominar la fiereza desatada. Pero como sus hermanos, Caracorta, se cansaba pronto de embestir, y ni el oficio de Rafaelillo pudo hacer otra cosa que estar ahí, también se cansó el quinto de Lamelas que sólo obedecía por el pitón derecho o se aburrían los dos de Gómez del Pilar, el primero de los cuales, el más noble y flojo de la corrida, aguantó un poco más la faena plagada de derechazos, entre los cuales se incluyó alguno de mérito. Rafaelillo doblándose con el de Dolores Con la cabeza bien alta se fueron los tres matadores después de decir su verdad en una corrida complicada y por tanto entretenida. Rafaelillo demostrando que donde otros se ahogan, él respira. Lamelas sin mengua de su valor y Gómez del Pilar en el inicio de una carrera que no estará exenta de toros complicados y a la que se enfrenta con armas demasiado mostrencas.
Los tres dijeron su verdad y eso, es triunfar.
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