La gran aportación de un torero en el redondel, no se debe limitar a un simple espadazo, si bien es cierto es la rúbrica, también resulta una verdad contundente, que la expresión artística que conmueve y desquicia llegando a trascender en el espíritu de los diletantes taurinos, fundamentalmente en esta época, no se puede limitar a una estocada.
Justo en esto reflexionaba cuando Fabián Barba, lamentablemente, pinchaba de nueva cuenta a su segundo colaborador el domingo reciente; otro extraordinario ejemplar de Santa María de Xalpa, cuyos propietarios enviaron seis imponentes dijes.

Fabián Barba
Efectivamente, Fabián había dejado una magnífica faena, y me cuestionaba sin dejar de reconocer sus fallas con el acero:
¿La espada puede borrar la estupenda faena que había visto?
Seguro estoy que no.
Con gusto volveré a ver en donde anuncien al joven Barba, no por sus habilidades de espadachín, sino por el desarrollo artístico de sus faenas; porque al igual que muchos vamos a gozar de las obras de arte taurino que aportan los toreros en los intensos, aunque efímeros, momentos escultóricos, que se van sucediendo en el redondel.
Intensos porque no sólo están inmersos en el añorado temple, sino además enriquecidos de la cadencia, el ritmo y la armonía, que en su conjunto aporta una seria obra de arte, provocando el fuego de la pasión que devasta a los espíritus, por la sublime locura a la que nos conduce el arte.
Lo anterior no exime al torero de no dominar la suerte suprema, pero tampoco le margina de no trascender, después de haber escrito una intensa creación.
¿De cuántas faenas hemos sido testigos, que sin tener el sustento de la profundidad en su realización, pero que merced a un buen espadazo, han sumado una o varias orejas, y a pesar de esto no necesariamente dejan algo sólido para el recuerdo inmediato?

Demostró sus argumentos
¿Cómo puede borrar un mal espadazo la obra que nos hizo vibrar y nos condujo al éxtasis?
Reiteramos, la exigencia de afinar la puntería con el estoque, pero siempre agradeceremos las imponentes obras de arte taurino, que son las que invariablemente nos motivarán a seguir, la evolución de los toreros.
Por ello, no percibí necesario que Fabián Barba regalara un toro, ya había convencido a muchos de todas sus posibilidades, y esto –el regalo- le favorece con relación a sus alternantes, al no poder concretar ellos la misma operación.

No hacía falta el regalo, ya nos había demostrado su valía torera
Las cualidades del joven Barba quedaron manifiestas en sus dos toros que la suerte le deparó, los supo aprovechar, y a pesar de no haberles cortado orejas por la espada, quedó muy claro su gran porvenir.
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* Gráficas del maestro Juan Ángel Sainos