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Fernando Marcet |
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Perú |
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11/12/2007 ] |
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| SIN TORO INTEGRO, NO HAY ESCAPULARIO |
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Tal parece ser el mensaje positivo que nos da el nuevo Consejo Taurino del Rimac que ha declarado desierto el Escapulario de Oro porque la faena que habría podido alcanzar tal galardón se realizó ante un toro de escasa presencia y falto de trapío, dentro del cual, lo menos que se puede exigir, es que reúna las características propias de un toro de lidia, con cara, hechuras y morrillo de animal adulto, cuya cornamenta se presente intacta e inspire respeto. Los toros que pisaron el albero de Acho este año no tuvieron tales características y aquel, que por excepción tuvo trapío no alcanzó nota aprobatoria del jurado por su comportamiento en el ruedo, razón por la cual el Escapulario de Plata también fue declarado desierto. Ya era tiempo que un jurado pusiera las cosas en su lugar y devolviera la seriedad a la entrega de tan importantes trofeos que en años anteriores se repartieron como caramelos a toreros que se lucieron ante toros de poca y ninguna presencia, muchos de ellos novillos que no aceptaron siquiera una vara, tal como sucedió en la última corrida del año pasado en la que se cortaron siete orejas y que, para algunos, fue la corrida del siglo mientras que para otros sólo una buena novillada sin picadores. EL AFEITADO Pero lo importante, poco común, inimaginable para muchos, es que este nuevo Consejo Taurino, con el apoyo decidido del alcalde del Rímac, haya tomado las riendas de la feria asumiendo funciones de control sobre acciones que por no estar debidamente fiscalizadas se han venido haciendo de acuerdo al interés bastardo de la picaresca enraizada en la fiesta y la vista gorda de quienes están llamados a velar por su correcta ejecución. Tal el caso de los exámenes post mortem que, desde muchos años, no se cumple en Acho –como no se cumple en el 90% de las plazas del mundo taurino- pero que esta vez se hizo de acuerdo a reglamento y dio como resultado aquello que todos los aficionados sospechamos desde hace muchos, muchísimos años: que los toros salen al ruedo afeitados. No fue tarea fácil. ¡Qué va! El primer análisis se hizo sobre las cornamentas de dos toros de la segunda corrida que, sabe Dios por qué, “no arrojaron evidencia” de haber sido manipuladas. El segundo realizado sobre las cornamentas de cuatro toros de la tercera dio positivo. El tercero no se llegó a realizar oportunamente porque las cuatro cornamentas seleccionadas para la prueba no fueron entregadas por la empresa hasta el último sábado, una semana después de la corrida, luego de mucha insistencia y carta notarial de por medio. Debemos suponer que se habrán tomado las precauciones del caso para que los pitones sean de los toros lidiados el pasado 2 de diciembre y no otros. ¿Suspicaz? ¿Por qué no? La negativa inicial a entregar las cornamentas me permite pensar eso y más. Según la más reciente información que ha llegado a mí, el resultado del análisis concluye que “no arroja evidencia” de manipulación de las astas de los toros en la última de feria. Personalmente la frase “no arroja evidencia” la tomo con pinzas pues no es totalmente exculpatoria. No conozco el protocolo que se sigue para determinar si las astas han sido o no manipuladas pero no debe ser muy científico que digamos porque la duda siempre queda flotando en el ambiente. Es por ello que no llego a explicarme cómo es que, en los tiempos que corren, los científicos son capaces de determinar, miles de años después y con sólo un pelo de su cabeza, qué desayunó Tutankamón el día de su muerte y no les es posible de determinar, sin lugar a dudas, si los cuernos de un toro muerto el domingo pasado han sido manipulados o no. Por su parte el aficionado desde su lejana localidad de Sol y a simple vista sabe apreciar, con poco margen de error si el toro ha sido afeitado, así como diferenciar si es cornicorto o cornimocho que no es lo mismo porque su origen es diferente: El cornicorto nace así y es obra de Dios, el cornimocho, se hace y es obra del hombre, pícaro, para más señas. EL NUEVO CONSEJO TAURINO DEL RIMAC Que el nuevo Consejo Taurino ha cometido errores, nadie lo duda pero, como dijo Cuasimodo (el jorobado de Notre Dame) “Nadie es perfecto en esta vida” y para el próximo año las cosas saldrán mejor. Para ello y confiando en la voluntad demostrada por el alcalde Víctor Leyton de transferir el control de la fiesta a los aficionados que con su dinero la solventan, es previsible la modificación del reglamento para que sean ellos quienes conformen el Consejo Taurino en el futuro y éste sea el ente fiscalizador y contralor de la fiesta con amplio poder para remover de sus cargos al juez de plaza, veterinarios y demás delegados que no cumplan con su deber tal como aquellos que en la última feria estuvieron encargados del examen previo del ganado y dejaron pasar ejemplares y encierros completos faltos de trapío y defensas indignas para una plaza como Acho. El reclamo de quienes señalan que la autoridad que aprobó las reses para la corrida es la misma que le negó el escapulario a Ponce porque el bicho era indigno de ser tomado en cuenta, cometen un error porque quienes intervinieron en el reconocimiento previo fueron los veterinarios y quien aprobó la corrida fue el juez de plaza. Al Consejo Taurino le habría correspondido sancionar o separar del cargo a quien o quienes fueron responsables del desaguisado. No faltan las voces destempladas que se levantan para exclamar que el Consejo Taurino se ha excedido en sus funciones establecido en el reglamento (proponer a los directores de Cambio de suertes, elegir a los médicos veterinarios y ser jurado del escapulario) y se ha irrogado el derecho de controlar los diferentes aspectos de la fiesta. ¡En buena hora que así sea! Se necesita un ente rector con el suficiente poder para ponerla en orden y salvaguardar el derecho del aficionado que con su dinero solventa el espectáculo. Para ello nada mejor que un Consejo Taurino constituido por un mínimo de representantes de la autoridad edil y un grupo mayoritario de aficionados notables, como los seleccionados para integrar el Comité Consultivo que apoyó al Consejo Taurino del presente año. Quién mejor que el aficionado para regir los destinos de la fiesta y establecer las reglas a seguir para recuperar la autenticidad que ha ido perdiendo durante el tiempo en que los taurinos que viven del toro -ganaderos, empresarios, toreros y algunos periodistas venales- la han tenido en sus manos. Lo que sucede en Perú y países americanos es similar a lo que ocurre en la madre Patria. Cuando se publicó el reglamento español de 1992 me llamó la atención que la Comisión Consultiva Nacional de Asuntos Taurinos que, entre otras cosas, tiene la facultad de modificar el reglamento, está constituido por 27 miembros de los cuales 10 son representantes de la administración pública que, como es de suponer, saben poco del asunto, 15 representantes de la gente que vive del toro que, sin duda alguna, saben en verdad demasiado, y 2 representantes de los aficionados. Sólo 2 representantes de los aficionados entre 27 miembros de los cuales más de la mitad son representantes de los gremios y asociaciones que viven del toro y tienen intereses pecuniarios en la fiesta. En ese momento no pude evitar recordar la sentencia que hizo el crítico taurino K-Hito cuando se preparaba el reglamento de 1962: “Los toreros no deben intervenir en la confección del reglamento, como no sería lógico que la ley de aduanas la redactaran los contrabandistas”. LA IDEA REVOLUCIONARIA Es por ello que es verdaderamente revolucionario que un Consejo Taurino como el que se estrenó el presente año haya estado integrado mayoritariamente por aficionados en calidad de miembros del mismo o del comité consultivo. Es el camino a seguir y el reglamento debe modificarse para consolidar este concepto. Por su parte los aficionados deben apresurarse en constituir La Asociación de Abonados de la Plaza de Acho que defienda sus derechos y sea la cantera que provea, vía elección universal, a los miembros que han de conformar el Consejo Taurino cada año. EL ESPURIO CONSEJO TAURINO DE LIMA La reacción de los representantes de las instituciones con intereses creados dentro de la feria, que fueron separados del Consejo Taurino, no se hizo esperar y con el concurso del ganadero y ex empresario de acho Roberto Puga Castro, se autoproclamaron jurado calificador con similar nombre del organismo oficial, usurpando el del Escapulario de Oro para nominar su máximo galardón. Simultáneamente, el mismo grupo de periodistas que en años pasados apoyó incondicionalmente al ganadero ex empresario, inició una campaña de demolición contra la autoridad del Consejo Distrital del Rimac y la actual empresa Taurolima exagerando los errores cometidos e inventando otros que fueron propalados, dos veces por semana, en una emisora radial y desde un conocido portal taurino muy concurrido por los aficionados cibernautas. Fue precisamente este portal el que, terminada la última corrida de feria, dio la noticia al mundo que el espurio Consejo Taurino había otorgado el Escapulario de Oro a Enrique Ponce. El desconcierto de los aficionados nacionales y extranjeros no enterados de la existencia de éste ilegal jurado fue total. Mas aún cuando ya se sabía que la corrida había sido afeitada y las fotos del ganado lidiado en tal oportunidad se habían esparcido por el mundo cibernético como un reguero de pólvora evidenciando el hecho. Muchos periodistas serios, aún los de este portal, cayeron en el error y llegaron a censurar, cuando no a lamentar, el que la afición limeña hubiese descendido a tan bajo nivel para premiar a un torero por una faena a un animal de indecente cabeza. Cuando, días después, se dio a conocer el dictamen oficial del auténtico Consejo Taurino del Rimac que declaró desiertos los Escapularios de Oro y Plata las aguas recobraron su nivel pero el daño producido por este grupo de taurinos estaba hecho. LA INCOGNITA Queda una incógnita por resolver: ¿Enrique Ponce aceptará recibir el espurio Escapulario de Oro de este malhadado organismo desestabilizador? Personalmente creo que no. Usted, amigo lector: ¿Qué opina? |
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Luis Picazo |
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13/12/2007 |
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Brindo por el Consejo Taurino del Rimac y porque cunda su ejemplo y no sólo en Perú, sino en todo el mundo taurino, incluida España.
Sr. Estrada, no es que Ponce se preste a torear “bichos”, es que exige eso, “bichos”, y, si no, no torea.
Recomiendo al Sr. Abad-Schuster, que opine de fútbol, del Real Madrid (¿es pariente de su entrenador?), o de lo que quiera, pero, ¡por favor! ¡de toros, no!
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