La fortuna y oportunidad de tener un gran maestro, que ha sido figura que ha conseguido muchas cosas dentro del mundo de los toros, es una suerte inmensa que a muy pocos les puede ocurrir, pero hay momentos en los que se debe continuar el camino solo.
Este es el caso de Alejandro Amaya quien es un torero que ha estado los últimos años bajo la tutela del maestro Eloy Cavazos y creo que ya es tiempo de que se separe de él para seguir su camino y continuar con su propia lucha.
Esto no es como si fuera un rompimiento con un apoderado, simplemente es iniciar un camino solo que le evitará encasillarse en los mismos carteles y con el mismo tipo de ganado cómodo que es lo que actualmente torea el regiomontano Cavazos.
Amaya ha demostrado poseer un toreo de clase, aunque en todas las ocasiones que ha tenido la oportunidad de torear en la Plaza México sus trasteos han caído en la frialdad y en la falta de transmisión hacia los tendidos. ¿Cuál será la causa? En provincia se habla de muchos triunfos junto con Eloy, pero en la gran plaza… ¿qué?
Es un torero al cual se le ha dado gran cantidad de toros y que no puede andar perdiendo su tiempo cuidándose para matar corridas comoditas para que después en plazas importantes no pase nada. Con tantas y tantas corridas es para que tuviéramos un torero hecho. Incluso con la mitad de festejos que se le han dado.
Eso es lo que pesa. Lidiar lo que gusta al maestro Cavazos. Cada quién tiene que hacer su camino, construirse su futuro. Alejandro ha sido impuesto en México, ha hecho temporada en España, ha toreado en Francia y todavía no puede cuajar. ¿Por qué?
Cuando las cosas no cuestan, no se aprovechan y no se valoran y eso es lo que ha pasado en su carrera. Ha tenido grandes posibilidades de apoyo tanto en lo taurino como en lo económico y aún así no ha pasado nada.
Hay que escapar ya de la sombra del maestro Cavazos y ver qué es lo que pasa. Ahí es donde podremos ver el verdadero potencial de Amaya. Debe seguir su propio camino y salir de la sombra del maestro. Hay que jugársela, dicen que el que no arriesga, no gana.