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Séptima novillada, segunda con picadores, del serial Soñadores
de Gloria 2017. Ante pobre entrada en tarde con llovizna insistente
hasta que se soltó una tromba antes de doblar el cuarto, se lidiaron cuatro
novillos de Santo Toribio, ganadería aguascalentense antes de que la
novillada se suspendiera. Los cuatro cumplieron en presencia, destacando
segundo y tercero. En cuanto al juego, la corrida fue mansa y genuida, poniendo
en aprieto a los chavales. Sobresalió el primero, que acometió con recorrido y
calidad, aunque tampoco duró gran cosa. Actuaron cuadrillas completas y los
siguientes novilleros: Arturo Soto: oreja con algunas protestas. Jorge Salvatierra: silencio. Juan Padilla: palmas tras aviso. Iván Hernández: silencio. Inmediatamente después de la muerte del cuarto se
anunció que la novillada se suspendía por común acuerdo. La fuerte tormenta se
extendió por casi una hora.  Agua pasa por mi plaza... Después del macabro trajín de la desgracia, por fin
se reanudaron los festejos dominicales de la plaza de toros más grande del
mundo. No obstante que la naturaleza no se cansa de apantallarnos con su
músculo, considero que es menester agradecerle que lo haga con benévolos
aguaceros, que apenas y suspenden eventos y desquician el tráfico, y no con más
muertes, más destrucción, y más miedo a lo cotidiano, a lo fundamental, a
seguir adelante con la vida. La precipitación de agua evitó, pues, que se
completara la lidia de los seis novillos como estaba anunciada, de manera que
cada espada tuvo tan solo un utrero de Santo
Toribio para dejarse ver ante la afición capitalina.
No fue asunto fácil para los nóveles toreros,
quienes se las vieron complicadas con el ganado geniudo y probón, y que además
se dio gusto haciendo cosas de manso. Tal vez la excepción fue el buen Fuerza México –n. 98, 412 kg.- bonito
negro bragado y acucharado, que se empleó un tanto más que sus hermanos, con
recorrido y algo de calidad. El primer espada, Arturo Soto, capitalino, logró pararlo tras de un inicio andarín
con la mano izquierda, para después ligarle las mejores tandas de la tarde con
la derecha. El chico tiene buen concepto, templa y torea largo, además de que lo
hace firme. Por la izquierda tuvo que perderle más los pasos, por lo que
alborotó menos el cotarro. Posteriormente el novillo vino a menos, quedándose y
buscando al torero. Mató de estocada entera, bien ejecutada, aunque desprendida
y tendidona, tras de lo que cortó una oreja.  Soto, una actuación lucida Jorge Salvatierra se las vio con Tío
Teo –n. 96, 435 kg.-, una papeleta complicadísima. El novillo, suelto y de
mal estilo, no se cansó de buscar al torero a lo largo de la lidia, primero
volviendo pronto, y después probando, quedándose y venciéndose. Si bien el
hidrocálido desarrolló la lidia en una distancia corta, tampoco parece que una
mayor distancia ayudara al toro a embestir. El lucimiento fue, pues, muy
escaso, casi nulo. Al torear de aliño se llevó dos fuertes golpes en una
voltereta tremenda tras de ser enganchado en una pantorrilla. Finquitó su
actuación con estocada baja y se retiró entre silencio.
 Salvatierra protagonizó un turno difícil frente a "Tío Teo" Brigadista –n. 84, 415 kg.- fue un novillo muy bien presentado,
no muy rematado pero precioso de lámina, negro lustroso, alto, astifino, pero
que no tuvo un muletazo. Un toro andarín, gazapeando, sin fijeza, siempre buscando
ir sobre el novillero, parándose y arreando al llegar a la muleta, evidenciando
su falta de fuerza con alguna caída. Juan
Padilla, originario de Monterrey pero con equipo de Aguascalientes, poco
pudo hacer además de estar en el sitio y quitarse el apuro de encima. A la hora
de matar fue imposible pasar por la cornamenta de un novillo que fue una
auténtica pared. Afortunadamente, el toro dobló antes de algún percance mayor
tras de varios momentos de apuro y un aviso. Descabellarlo hubiese sido una
odisea.
 Y ni que decir del duro "Brigadista" y Juan Padilla Iván Hernández lidió a Amigo
–n. 106, 423 kg.-, otro novillo de bonitas hechuras y que se dejó meter
mano un poco más que sus otros dos hermanos. También manseó toda la lidia este,
que buscó las tablas desde la salida, barbeando primero, y apretando hacia los
adentros en las banderillas. Con la muleta el novillo no quiso saber nada por
el lado derecho, por lo que la faena fue al natural. En el terreno del burladero de matadores fue
donde el hidrocálido pudo extraer los pases naturales de uno por uno, perdiendo
pasos y cruzándose para obligar al burel. Hacia el final destacaron algunos
detalles pintureros por abajo. Tardó mucho en tirarse a matar, y entre
pinchazos y descabellos se dejó venir el gran aguacero. Pasaportó al novillo
con la gente en plena huida tras un aviso.
 Iván Hernández basó su actuación en el toreo por el lado izquierdo Así terminó pues la novillada, con una suspensión
totalmente justificada. A veces es notoria la presión de las cuadrillas por
precipitar las decisiones, sobre todo en festejos en los que las condiciones
del drenaje de La México permitirían arreglar el ruedo y echar pa’ lante. Pero
en esta ocasión el volumen de agua que cayó sobre La México fue tremendo. Esperar
diez o quince minuto para tomar la decisión final hubiese resultado inútil,
pues el aguacero nunca cesó. Más de una hora después, cuando la lluvia por fin
nos permitió abandonar las lumbreras de la plaza, el ruedo estaba correctamente
desaguado, pero el callejón era una tremenda alberca. En resumen, nada que
hacer... ¡Hasta el próximo domingo!
 Todos a sus casas... Fotos: Luis Humberto García "Humbert".
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