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Aunque sabemos que la fiesta brava tiene dentro de sí otras (determinadas por la geografía así como por las costumbres del lugar), como un todo, como concepto de plaza, tenemos la idea de un redondel con tablas macizas de un rojo fresco y su blanco estribo, de arena fina a un solo tono; uno piensa pues, en una obra arquitectónica adecuada para celebrar la liturgia.
Pero hay otra fiesta, donde el riesgo se multiplica, ahí no hay callejón sino laminas despintadas, donde las cuadrillas son dos puertas hechas de tubos como en los ranchos modestos, sujetadas por un lazo y unos diez hombres empujándola para evitar que salga el toro; en ella el techo son lonas en quienes nadie apuesta puedan resistir los embates de Eolo y Zeus.
Hay otra fiesta palpitante a donde van los toros de Tenexac que nadie quiere ver. Pocos se apuntan. No importa, bravura llama bravura y los de bandera van a esa cita; ahí no aparecen capotes de paseo recamados en oro, quienes comparecen lo traen dentro.
Es una fiesta donde el ruedo está lleno de piedras y complica el trote de los toros y la actuación de los espadas; esa en la que un toro arranca un burladero y pone en peligro la vida Adolfo Sánchez quien se salva por el quite con muleta que le hace Fermín Rivera, le cuesta pero lo consigue y devuelve la calma a todos.
 Fermín Rivera hizo el quite de la tarde con muleta Ay, ¡esa fiesta de Juan Luis Sillis! toreando por la cara a su lote tan peligroso, con lo aprendido de su maestro Mariano y que le protestan quienes no se enteran de la misa la media.  Sillis lidió con el lote más complicado de la tarde Es la de Sergio Flores, oriundo de Tlaxcala que la conoce muy bien y muestra sosiego ante las dificultades, él se encuentra alegre e inconmensurable pues en este momento es capaz de entender a los toros.
 Flores se mantuvo alegre La fiesta de don Sabino Yano que mantiene su expresión amable y a quien no se le olvida ser inteligente pues conserva la calma aunque sus cárdenos, guapos de ver y con edad, no son lo esperado sino mas bien lo contrario, mansos y con genio.
Es otro espectáculo, donde también canta la gallina pero no como hábito; ahí, todos se esfuerzan porque el toro sea íntegro y el toreo auténtico. Hay una fiesta sin soles donde el frío penetra el alma, esa, nos hace andar kilómetros para vivir otras emociones, ampliar nuestra visión del toro y confirmar que se vive para volver al terreno de los bravos.
Fotos: Humberto García "Humbert"
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