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Ficha del festejo Fue un fin
de semana oscuro para nuestra ciudad. En distintos episodios, lo más nocivo de
la sociedad mexicana se reunió para presumir su profundo desprecio por el otro,
condensado en la exigencia de limitar los derechos de quienes consideran
ciudadanos de menor categoría, o que ni siquiera consideran ciudadanos.
Naturalmente que, entre tanto odio, no podían faltar los antitaurinos. Por primera
vez observamos una manifestación dentro del coso de Insurgentes, encabezada
públicamente por el diputado asesino de animales Jesús Sesma Suárez del Partido
Verde Ecologista de México, responsable de la muerte de miles de animales
de circo, algunos de especies en peligro de extinción. Siguiendo, pues, las
enseñanzas del su partido aliado, el inefable PRI, echó mano de una de las
peores prácticas políticas de este país: el acarreo, a cambio de una miserable compensación,
de mexicanos de clase baja dispuestos a sacrificar su dignidad e integridad por
unas cuantas migajas.  Esto vale el dinero de los mexicanos para el infame Jesús Sesma. La mente
maestra detrás de la torpe maniobra del unánimemente vituperado Sesma fue esa horripilante mujer rubia,
dedicada profesionalmente al odio de nombre Laura Hernández y su ocioso club de canasta. De esta forma un grupúsculo
de señoras emperifolladas sin quehacer promueven el gasto inútil de recursos
públicos en imponer su cerrazón (¿O a poco creen que el parásito Sesma compró
los boletos y pagó los acarreados con dinero de su cartera? Jajajajajaja. ¡Qué
va, si para eso trabajan los pinches mexicanos jodidos!). Sesma, pues, sacó a
relucir, tal como lo hace cotidianamente, la estirpe totalitaria de su familia,
que carga con los infames apellidos Díaz
Ordaz.
 El club de canasta, "masivos" titiriteros del señor de Díaz Ordaz. Por su
parte, la empresa de la Plaza México,
comandada por Mario Zulaica, se fajó los pantalones y se portó más que a la
altura, permitiendo la entrada de todas las personas con boleto conforme a
derecho y con previa advertencia de que serían expulsados al primer desorden.
Cuando esta postura dejó de ser prudente y se presentó el diputado con un
contingente numeroso y agresivo, el propio Zulaica se plantó en la puerta de la
plaza y, haciendo válido su derecho de admisión, les impidió la entrada.
Mientras
tanto, en el tendido, los provocadores habían sido localizados y el ambiente
era tenso. En punto de las 5 de la tarde, la reducida horda fascistoide de la
señora Hernández y sus desubicados acarreados sacaron el cobre ante la repulsa
generalizada de la afición que se dio cita. Felizmente, fueron reducidos en una
maniobra veloz y limpia por la Policía capitalina, quien los expulso de la plaza
entre empujones, pero sin agredirlos a pesar de los intentos de los
alebrestados antitaurinos. La lección de pulcritud que dio la policía dejó bien
en claro a todos, incluyendo a Sesma que los oscuros tiempos de su perverso y
despreciable suegro quedaron muy atrás. Ojalá no sea la única vez y así actúen
siempre. En fin, al
filo de las cinco y cuarto, hora que no marcó el reloj de la Plaza México, que
aparentemente está siendo reparado ya, partieron plaza dos alguaciles como lo
han hecho toda la temporada. Aparecieron los novilleros, y, tras de ellos una
hermosa multitud de chiquillos en defensa de su derecho a la libre expresión,
al libre esparcimiento, a la identidad, a la libre convicción ética, al libre
pensamiento y conciencia, a la libre asociación y reunión, a la participación,
y a la no discriminación.  ¡Sí a los niños en los toros! ¡Ellos sí son masivos! Por estos derechos inalienables y
mucho más es que la sociedad mexicana no debe permitir el triunfo de Sesma y
sus titiriteros anifascistas, quienes expusieron a niños y adolescentes,
violentamente alebrestados, a la fuerza pública. No debemos permitir que se
tergiversen los derechos de la niñez y la adolescencia en favor de las enfermas
pretensiones de una postura cada vez más radical y extremista, que parte de un
supuesto jurídicamente erróneo.
En fin,
¿qué pasó en la novillada? Pues que los utreros de El Siete y Santo Tomás,
ambos nuevos en esta plaza, no honraron con su juego a la expectación que
levantaron sus fotos publicadas en la semana, particularmente por la
espectacular lámina de los del primer hierro. Ante estas
condiciones se las vio el español Sergio
Roldán, quien lidió a Duetto –n.
130, 395 kg.- de Santo Tomás con
técnica y corrección, haciendo las cosas bien, pero transmitiendo muy poquito.
Con ello se hizo acreedor a lidiar al quinto de la tarde, Unico –n. 158, 385 kg.-, del mismo hierro, noble pero soso. Con él
tuvo algunos bellos detallitos bajo una auténtica tormenta con la noche ya
cerrada. La huida de los pocos que quedaban en la plaza, unos hacia la calle, y
otros hacia los palcos y lumbreras, menguaron la atención de la concurrencia a
su faena. Y es que,
empezando a las cinco de la tarde y con cuarenta minutos de retraso, las
novilladas acaban muy tarde y además expuestas a las condiciones climáticas.  Sergio Roldán, meritorio bajo el agua. Iñigo Rodríguez pechó con un precioso castaño de
nombre Despertador –n. 708, 372 kg.-,
completamente inválido con el que no había nada por hacer y que la negligente
autoridad, que recayó en la persona de Jesús
Morales, no devolvió. El novillero se llevó una ovación tras una estocada
habilidosa a toro parado.
 Bello pero inválido. El
triunfador numérico de la novillada, estadística que corresponde con la calidad
de su actuación, fue Isaac Fonseca,
quien con Guardían –n. 744, 368 kg.-,
de El Siete, alborotó el cotarro
toreando variado y muy bien con el capote. Recibió por tafalleras ceñidas,
templadas, y toreras, y quitó por lances a pies juntos. Con la muleta, mostró
su buen concepto y sus buenas formas, aunque no pudo sacar aprovechar a
cabalidad la buena condición de un
novillo primoroso. Mató de estocada trasera y tendida de efectos lentos. No
obstante, tras de la muerte del toro, la petición se tornó unánime, y se
entregó la oreja.
Con el
sexto, Juguetón –n. 741, 390 kg.-poco
pudo hacer Fonseca, quien se arrimó
sin conseguir respuesta del público, urgido por dejar la plaza ya pasadas las
ocho de la noche.  Isaac Fonseca, variado y torero. Con el
cuarto, Alisio –n. 158, 401 kg.- Álvaro Sánchez tuvo una actuación pobre
y cosechó algunos pitos.
Así pues,
terminó una desangelada y escandalosa novillada, que será recordada a la
historia por los motivos menos deseables, a menos de que alguno de los
muchachos que tomaron parte del cartel puedan voltear la onza y marcar una
época. Por lo pronto, el escándalo mediático de la manifestación ha sido
bastante reducido, de hecho, prácticamente han tapado la marcha en medios
nacionales. Esperemos que esto presagie una derrota en comisiones de la
iniciativa del mierda de Jesús Sesma. *Fotos: Luis Humberto García "Humbert".
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