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Más de media entrada para ver la pésima corrida de Fuente Ymbro. Dos al corral, la flojera por montera y la fiesta de los toros por los suelos. La excepción a la regla el 6º y último por movilidad. El sobrero (5º bis) de Juan Manuel Criado otro trapo.
Diego Urdiales, ovación tras aviso, silencio y silencio tras aviso
Sebastián Castella, silencio, silencio y oreja.
 Foto archivo Que lo taurino se haya convertido en predecible quiere decir que se está perdiendo la chispa, la magia y la naturalidad. Es una pena; es una pena cierta y dolorosa para aquellos que gustamos del miedo por derecho y es una pena también porque es el reflejo de una sociedad cuando menos apática para con el Arte no sólo de Cúchares sino el universal.
Fuente Ymbro y su corrida de toros contribuye a esta apatía con seis tórridos toros y deja el puntito de que el séptimo toro tenga movilidad y vuele. Las cosas son así de chistosas a veces.
Hoy mano a mano:
Sebastian Castella se paseó por Logroño sin compromiso alguno, con dos faenas deslabazadas, incongruentes y pasajeras, con dos bajonazos infames y el silencio como compañero. Desarmado y sin sentido. Pero hete aquí que cuando todos miran para un lado siempre hay alguien que mira para el lado contrario. Ése alguien era Castella. Le salió el toro bueno, el de el triunfo, el que iba de aquí para allá a un cite. Un toro para romper y romperse. Pero no, el francés no estaba comprometido y se limitó a dar pases y más pases aprovechando la inercia de Valdibia hasta acabar la rápida faena con una estocada trasera y efectiva y una oreja en el esportón. Mucha ligazón y mucha suerte. La suerte de la figura.
La pausa: Diego Urdiales. Cadencia y temple para danzar con Libélula. Faena de olvidada medida, de distancias exactas, tiempos clavados y alturas onduladas. La faena de Urdiales ha sido de las que se saborean en la plaza con tiempo y gusto. Con placer. La belleza escondida en la ética. La colocación la de Urdiales. La vocación la de Urdiales. La honestidad la de Urdiales. Y el compromiso el de Urdiales. Aguantó un parón del toro con los pitones abajo que definió el Poder. Una gran tarde suya por la faena hecha a Libélula. Una libélula por cierto que de su parte apenas puso, razón por la cual la faena solo fuera del diestro y nunca del animal; razón también por la cual en el tendido solo quien probó el placer de ver torear pudo deleitarse con Urdiales. Pincho y mató y saludo una gran ovación. Sus siguientes toros apenas le dieron ganas y oportunidades y sus historias ya solo merecen ser guardadas en las videotecas.
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