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Casi lleno. Volvió a salir el toro ad hoc de la tauromaquia moderna. Con algo más de presencia que los toros de Garcigrande lidiados el día anterior y una proverbial nobleza, la corrida de Zadueldo acusó una importante falta de fuerza, lo que hace totalmente prescindible el tercio de varas. En el tercio de muleta, si los espadas saben torear en línea, hacia afuera y nunca imponiendo, el toro moderno tiene miles de embestidas, aguanta montones de series de muletazos y de naturales, incluso mete bien la cara en las telas. Eso sí, trasmitir no trasmite nada y sin transmisión, es muy difícil que surja la emoción. Y eso es lo que sucedió ayer en la plaza de toros de Illumbe. En esas transcurrió una corrida muy citada, movida y exprimida, a la que se le pudieron hacer filigranas rococós, practicar formas y maneras de ofrecer las telas y miles de cosas más pero que en raras ocasiones arrancó un ole profundo del respetable, excepto en el capote y en las aperturas del tercio de muleta. Se lucieron las telas en el toreo de capa, con cierta participación en los quites de la terna pero a partir de ese momento, las faenas quedaban convertidas en una sosería, independientemente de la capacidad técnica de los matadores. Castella perdió todo tipo de posibilidades de obtener trofeos por el manejo de la espada. Talavante cortó una a su primero y recogió una ovación en el segundo.  Foto archivo El toreo de Roca Rey, esperado por novedoso, resultó no existir ayer. El joven peruano no toreó sino que ejecutó montones de lances hacia fuera en los que sí hay que decir que su colocación rozaba la incoherencia. Roca Rey atropelló la razón en muchas ocasiones, saliendo siempre airoso. Lo que hizo ayer en San Sebastián fue mostrar su increíble valor, algo necesario y valorado en los toros. Pero se olvidó de torear. Así lo entendió también la presidencia que se mantuvo firme ante la petición de la segunda oreja.
Y al final, la gente se divirtió, salió satisfecha de la plaza, cantó en positivo la estética de Talavante y el valor de Roca Rey, se lamentó por Castella, auguró faenas de gran calado tras las aperturas, sufrió la decepción tras el fallo a espadas, se enfadó con las decisiones del palco y disfrutó de la tarde. Con un poco más de toro, con un toro un poco más consistente que la gaseosa, además se hubiera emocionado.
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