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Con las láminas propias y tan características del encaste, salieron al ruedo de Pamplona seis de Miura, algo faltos de fuerza, muy grandotes, complicados sin llegar al paroxismo, nobles en general, potables en dos y dos aunque en ese reparto Rafaelillo sacó el peor de los lotes. Hubo total voluntad por parte de la terna, que se gastó buscando las vueltas, sacando, mejor robando, algún que otro pase efímero pero imprescindible, herramienta de lidia. En otras ocasiones el buscar las vueltas y cazar el aire se premiaba con una serie de embestidas. Así las lograron Rafaelillo y Castaño. Otra oreja que Dávila Miura pasea de los toros de su familia Dávila se encontró con el mejor de la tarde, que tomaba las telas con más fijeza y alargaba más el viaje en las telas. Fue esta la faena que se premió con la oreja. El respetable quiso premiar también a Castaño en su primero y a Rafaelillo en el cuarto. Pero el usía no lo entendió así. Corrida de voluntad en la que se desplegó, como viene siendo habitual, mucha verdad.
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