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Tarde agradable y lleno en la Monumental de Hidrotermápolis durante la quinta corrida del serial taurino 2016. Se lidiaron cinco toros de Los Encinos, anovillados y descastados. El quinto de la ganadería titular fue sustituido -tras ser protestado con fuerza- por uno de Montecristo, anovillado también y desclasado.
Julián López El Juli: silencio, silencio y leves palmas
Joselito Adame: oreja, leves palmas y oreja.
 Joselito Adame finalmente salió a hombros. Foto: prensa Adame El manejo de la Monumental de Aguascalientes no ha sido de lo mejor desde hace mucho tiempo y parece que año con año de lo que se trata es de hacer todo lo posible para que salga peor, ahí están los hechos, no son ideas propias. Los que son parte del petardo dirán siempre que tienen los siglos de los siglos en esto y que no vamos nosotros a enseñarles lo que es un toro, que vieron una corrida muy bien presentada, que no le ponen un pero porque el toro no tiene palabra de honor.
A otro perro con ese hueso, que no somos tontos, la edad y el trapío de un toro de lidia se nota de inmediato. Lo que mandó Urquidi para la quinta de feria no era una corrida, era una novillada que encima de todo no traía un gramo de bravura.
Desafortunadamente uno se hace a la idea que un 25 de abril es imposible no oir la Pelea de gallos o ver a los alternantes pasear retazos de toro; sin embargo, un taurino jamás se hace a la idea de ver novillitos descastados en una corrida de toros.
Ya no hay nadie que se crea eso de que Aguascalientes es la capital taurina del país y no tienen porque hacerlo si tiro por vuelta se sabe de los petardos que se dan en sus plazas; no hay porqué creerlo si los que se dicen toreros no tienen vergüenza, y casualmente es común escucharles decir en las entrevistas que esta plaza les hace ilusión, que si les gusta o le deben mucho. Yo no les creo, su discurso son puros capotazos y menos cuando salen al ruedo a hacer el paripé.
No les creo a los demagogos que piden las ganaderías que no funcionan, no les creo a los que se colocan mal ni tampoco a quienes se pasan lo más lejos posible al toro y en este caso a los novillos. No son de fiar y son los que se dan a la tarea de mandar a paseo la esencia de la fiesta brava. Yo no creo en novilleros de tanta maña como El Juli y Joselito Adame, no les creo porque sus trapazos y artificios no son mi verdad del toreo. Creerles es atropellar la razón, al primero porque tiene años exigiendo los mismos toritos enclenques que dan lastima de tan moribundos; al segundo porque si se dio el gusto de patear la catedral del toreo en el mundo, Las Ventas de Madrid, también se da el de robar hasta en su tierra.
A mi siempre me dan desconfianza las personas sin elocuencia, esas como el juez de plaza que aprueba animales como un encierro y luego cuando se ve en aprietos durante el festejo ordena la devolución, es un peligro la ausencia de criterio.
Seguramente Leduc y García Márquez se volverían a morir si vieran que dos de los impresentables de hoy llevaban sus nombres, y vaya que el primero juró ser taurino aunque se torearan chivos, pero vamos, era solo un decir, era la manera que el tenía de expresar que su afición era a toda prueba.
A lo mejor porque los taurinos nos volvemos a toda prueba es porque la empresa se la pasa probando a ver si es verdad que los aficionados se resisten a ir a sus carteles de pésimo corte donde ni hay toro ni hay bravura, insisto, no se fíen de una empresa que se ocupa más sacar buenas fotos de sociales que de comprar toros y “obedecer” los caprichos de las “figuras”.
No es posible que otra vez tengamos que quedarnos con el atardecer, qué sería de los hidrotermopolitanos si no tuviéramos quien nos hiciera pinturas celestes de tan buen gusto. Si de eso se tratase no habría entonces que apostarle la entrada a la plaza. Vestirse de presente va a ser todo un reto para ir a la siguiente corrida, supone todo un reto para la decepción, para el vapuleo a la afición de tantos; no hay argumentos que pesen contra lo vivido en la quinta de una feria sin toro.
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