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Cuando comenzaba a escribir estas líneas pensaba en centrarme en el triunfalismo y las rebajas orejeras de la decimoquinta de abono de San Isidro. Pero, después de mucho pensar, me he decantado por contar una experiencia vivida esta tarde en los propios tendidos de Las Ventas, en la andanada en la que me siento cada día. En festejos como los de hoy, las discusiones y tensiones entre aficionados se acentúan y son muy comunes las disputas y enfrentamientos. Es algo que ha pasado siempre, pero que puede generar un debate mucho más amplio y general y que tiene como eje la libertad de expresión. En los toros el público se supone que es libre de aplaudir, pitar, sacar el pañuelo blanco para pedir la oreja de turno… y digo se supone porque a veces, cuando intentas llevar a la práctica alguna de estas cosas, hay otros que te lo impiden. Parece que eso de expresar tu disconformidad acerca de lo que sucede en el ruedo está mal visto, es de irrespetuosos y maleducados. Esta tarde, por ejemplo, cuando (sin gritar ni nada parecido) comentaba las sonrojantes ventajas y alivios de José María Manzanares en su faena al segundo y que le valdrían una oreja, un señor abonado sentado justo delante mía se giró para indicarme que estaba harto de que todos los días estuviera sacando defectos a toros y toreros y que debía respetar a los que si se divierten y piden orejas. Muy educadamente le contesté que por supuesto que yo respeto a los que dicen olé y piden la concesión de trofeos, pero que también tengo derecho a expresar mi disconformidad. Este hecho aislado sirve para ejemplificar a la perfección las dificultades con las que se encuentran cada tarde aquellos aficionados que son políticamente incorrectos y que, en vez de callar o aplaudir, pitan, pegan algún grito crítico, o tocan las populares palmas de tango. Parece que en Las Ventas, y más en el resto de plazas de toros, lo de expresar tu opinión es muy recomendable y está bien visto, pero únicamente cuando sea para alabar o reconocer. En cambio, cuando pretendes expresar una crítica negativa, entonces ya se está insultando o faltando al respeto. Pues bien señores, los que quieran expresar sus críticas y sentencias negativas, tienen el mismo derecho que aquellos que aplauden o vociferan a favor de los de luces. Los que constantemente protestan ante la pobre presencia o flojedad de un toro, o recriminan el cite fuera de cacho y el esconder la pierna descargando la suerte, cumplen su papel tanto como aquellos que hacen lo contrario. Si admitimos las críticas positivas, pero censuramos las negativas, estaremos cayendo, simple y llanamente, en una injusticia. Y esto me recuerda a eso de que en España debemos estar orgullosos porque existe la libertad de expresión o de manifestación, pero que cuando llevamos estos derechos a la práctica y nos manifestamos, entonces ya somos alborotadores, antisistema y antidemócratas, que lo único que quieren es provocar disturbios. Si de verdad apostamos por la Democracia y la libertad, entonces seamos consecuentes y respetemos la pluralidad, no sólo de opiniones, sino también de manifestaciones. Hoy, en Las Ventas, con la avalancha de público del clavel y el huracán triunfalista de las figuras, más de uno nos sentimos presa del autoritarismo de lo políticamente correcto. Eso sí, bendita ignorancia… Unos de acuerdo, otros no, unos entendidos, otros del clavel, al sol o la sombra
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