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Madrid amanecía azul intenso. El aroma de la ciudad en el mes de mayo transporta al caminante a un estado de embriaguez inigualable. Los colores iluminan cada rincón, cada esquina, cada portal, cada recoveco de la ciudad... La lluvia pasada oxigena cada pulmón y produce una satisfacción interior difícil de explicar. La corrida ha sido un desastre. Menuda Jandillada. A excepción del bien presentado sexto el resto unos inválidos. El sobrero de Carmen Segovia un agravio para Madrid por sus astas o su inexistencia de ellas escobilladas. Me flipa Madrid hasta que voy a los toros.
Finito de Cordoba no ha tenido el lote. Ni la tarde. Ni el toreo. Ni interés para el aficionado.
Morante de la Puebla regresaba a Madrid y con el su séquito. Los niños cantores de Morante. Próximamente en sus mejores ferias. Que Morante es cabello de ángel es algo que ni al más avezado antitaurino se le escapa pero de ahí a corearle cada lance sea malo o sea peor hay un trecho que raya en la mala educación. Su primer invalido se trató con gusto y mesura los tres minutos y medio que duró mirando la muleta. Su segundo sin recorrido le superó: dos minutos diez segundos mirando a lo rojo. De récord Jose Antonio. Al 'Si no vale tíralo' se le puede sumar el 'si no vienes con garantías no vengas'.
Dos historias dos Pereras. La primera positiva delante de algo que en el programa de mano se anunciaba como toro y la segunda negativa delante de lo que sí se asemejaba a un toro. A su primero le pudo con una decisión absoluta. Muy firme y muy clavado. Superior. El 'enemigo' llevaba con la lengua fuera desde antes del tercio de varas. Verídico. Perera se gustó y se pudo ver su traza de torero de alfileres clavaditos a la arena. El toro hizo por Perera que se encontraba a dos centímetros escasos de su boca.... pero nada ocurrió. Un susto. Luego Bernadinas y acabar con 'eso' que llaman 'enemigo' de aquella manera y perdiendo la oreja. Y la historia de su bien plantado segundo comenzó bien con la capa. Nuestro Bautista le eligió de entre todos como el rey y no se equivocaba. A Perera le duró cuatro tandas. Era un toro que se arrancaba o galopaba desde media distancia y espacialmente cargaba el tendido, transmitía. En la segunda tanda el torero ya lo tenía pegadito al cuerpo. Estaba encima del animal. En la tercera el espacio se cargó de aburrimiento y en la cuarta el toro decidió no ir. Entre tanda y tanda un tiempo eterno que ahora se denomina 'paciencia'. Adios toro.
 Asomó la luna sobre el tejado de la plaza y...supimos que podía haber literatura Y la noche se hizo en la ciudad de Madrid. La luna llena ya ilumina los tejados de pizarra gris que esperan ansiosos a que los gatos se encaramen a sus vertientes y miren el tintineo de las estrellas en la bóveda celeste. La Castellana se llena de luces que van y que vienen y las sirenas de la policia suenan más altas y más bonitas que nunca. Me flipa ir a Madrid a ver toros.
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