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Después de ver a tanta cantidad de pegapases como abundan en el escalafón, por fin ha aparecido hoy en Las Ventas un joven vizcaíno de Orduña que quiere ser torero de verdad, de los de antes y muy diferente a la mayoría de los que están llevando al ocaso a esta maravillosa y singular profesión. Veremos si no se tuerce y las cogidas le respetan, porque esto último también es muy necesario para que llegue a madurar tan fantástico proyecto. Esto y cosas parecidas se oían hoy por el 7, entre los aficionados más exigentes, esos a los que la mayoría de los taurinos dicen que lo que queremos es cargarnos el tinglado, ese que se han montado entre ellos, sus propagandistas “moleseros” y cía.
 Fandiño demostró cómo es la verdad, la autenticidad: Un TORERO La corrida “juanpedrera” con el mítico hierro de Parladé que hoy salió al albero de Las Ventas fue una más de las muchas corridas que van buscando las figuras, animales de justa presencia y poder, generalmente mansos, con diferentes matices de casta, pero de los que no suelen poner en aprietos, ni pedir el carné, ni medir a los toreros. Pero además salió el que hizo segundo y que le correspondió a Fandiño, un toro manso al que casi no se pudo picar porque escapaba en cuanto sentía el palo, de embestida incierta y futuro aún más incierto. Pero llegó a la muleta con alegre embestida y repetición y queriendo comerse... a todo lo que se moviese. Hacía mucho viento y los papelillos andaban por terrenos del 5. Y hasta allí se fue el torero, citando al toro con los pies asentados y firmes. Lo único que se movía era la muleta para dirigir las embestidas por abajo, rozando el albero, domeñarlas, en resumen dominar al toro y obligarle y demostrarle quién era el que mandaba allí. Justo, los cánones del toreo eterno y de verdad. Esta vez la gente, tanto los aficionados como los isidros y los claveleros, comprendió esa verdad y todos a una jalearon clamorosamente desde el inicio la faena del torero que, allí abajo, con la firmeza y el poderío que sólo tienen unos pocos elegidos, estaba recreando la eterna tauromaquia. Tan sólo algunos le pusimos un pero, que debía haber entrado a matar un poco antes y tal vez se pasó de faena. Pero comprendemos también la embriaguez que debió sentir al comprobar cómo había convertido a un toro manso e inicialmente peligroso, encastado y codicioso en un perrillo faldero y obediente gracias a su dominio de los terrenos y las distancias y a la firmeza y quietud de sus pies. Y además escuchar los rugidos que le llegaban desde los tendidos. Ese alargamiento de faena produjo posteriores dificultades al cuadrarlo para la suerte suprema, pinchándolo entre la decepción general. A continuación volvió a entrar a matar o morir y sin darse salida alguna se volcó sobre los pitones para dejar una estocada arriba, aunque el toro se lo echó a los lomos asestándole una certera cornada que le partió el muslo. Aún estuvo el torero con el boquete mirando si el toro caía pero se lo llevaron a la cercana enfermería mientras el burel se desplomaba entre la alegría general. Esta vez la petición fue clamorosa y creemos que si lo hace a la primera, no una sino las dos orejas se le hubiesen concedido. Esta tarde el del palco era don Julio. Si llega a ser don Trinidad... ni se sabe. La cuadrilla dio luego la vuelta con el trofeo mientras operaban al diestro, que ya no volvió a salir.
El resto de la corrida fue una más de las muchas que llevamos viendo en esta feria, con toros dóciles que se dejan hacer de casi todo y toreros simulando el toreo moderno y aburriéndonos a unos cuantos. El Cid tuvo que matar hoy tres. Su primero fue un inválido, agravado con un volteretón de salida, que pedía su sustitución y al que simuló que lo toreaba. En cuanto le bajó la mano se caía. Lo mismo que nos hizo el otro día, lo mantuvo porque él quiso. Con los otros dos estuvo algo más aseado y a veces pareció que quiere salir del bache. Incluso llegó a crear alguna ilusión pero... Lo más emotivo fue el brindis que hizo del otro toro de Fandiño que tuvo que matar, dejado para el sexto lugar, a la cuadrilla del que estaba en la enfermería. Un gran detalle, sí señor, que hizo que la plaza entera puesta en pie le ovacionase.
El tercer espada, Luque, estuvo deambulando toda la tarde por el ruedo pero no sabemos muy bien a qué había venido. Él tampoco. El otro detalle importante de la tarde fueron los dos excelentes pares que puso “El Alcalareño” en el primer toro, donde demostró el enorme banderillero que lleva dentro y que tan poco prodiga en sus actuaciones en Las Ventas. Esta vez, la plaza entera se le entregó, obligándole a desmonterarse.
Al final de la corrida, los del 7 salíamos tristes por la cogida de Fandiño, pensando que no podrá matar los “adolfos” la semana próxima, pero alegres porque por fin habíamos visto en esta feria a un TORERO, así con mayúsculas. Y apostillaba algún chusco: “Y eso que no es del mismo Bilbao...”
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