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Dicen que tras la tempestad viene la calma, pero lo que algunos no pensarían es que la calma fuera tan intensa, después de la tarde que se vivió el día anterior. De la plaza llena se ha pasado casi raspando a la media entrada; de los figurones a tres novilleros que se quieren abrir paso, o al menos así debería ser, porque después de verlos, a uno no le queda esa sensación. Y de los toros comerciales referente del toreo moderno, nos hemos pasado a los de Guadaira, también comerciales, propios de estos tiempos, que parecían las vacas de los mozos en cualquier pueblo de la España taurina. Una tarde en la que el pegapasismo insulso de Gómez del Pilar desesperaba a los futboleros que nos queríamos ir a ver la final. Casi tanto como ese automatismo gimnástico de muchos toreros galos, que parecen que antes de hacer el paseíllo se dejan el alma colgado en el perchero. Y no es que se pueda decir mucho del tercer espada, Roberto Blanco, con unas maneras quizá más adecuadas para otro tipo de plazas o para la de Madrid, en caso de que consiga movilizar al paisanaje. Pero él es quien ha pedido aparecer en este rincón.  Blanco con el capote por abajo He estado tentado de hacer trampa y dibujar el novillo de Guadaira con mucho más trapío del que tenía, pero al final no me he atrevido, aunque aún creo que no he logrado captar del todo esa esencia de choto que presentaba. salió muy corretón, dando vueltas y vueltas al ruedo, como si estuviera participando en una carrera de velocidad, pero de repente, tras saltarse la barrera, parecía más que corría el Grand National. Manso y abanto, no hacía demasiado caso a las telas, pero en esto que Roberto Blanco se ha plantado y casi rodilla en tierra ha recogido al novillo por abajo, echándole el capote al suelo y conduciendo muy bien la embestida. Una por cada pitón y la media en las mismas circunstancias. Resulta chocante ver a un novel tomar un camino tan práctico y favorable para realizar una lidia correcta. Lo más normal sería eso de a portagayola, las largas de rodillas, los mantazos rectificando y todo aquello que dan sensación de espectacularidad. Quizá ni el mismo Blanco recuerde estos capotazos en el futuro, pero a mí me ha servido de inspiración para olvidarme un poco de esperpentos pasados y sobrellevar de la mejor manera posible mi resacón en Las Ventas.
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