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Cara y cruz de Alcurrucén. La cara en la bravura y codicia del perdona vidas que hacia tercero y las cruces para el resto la corrida por considerarlos colaboradores de un fiesta edulcorada, con pitones pero hacedora de figuras inmerecidas. Era previsible.
Perera batiendo récords. La cuenta del número de pases que ha dado esta tarde es infinita. Espacialmente colocado para acompañar y nunca para mandar: las piernas bien abiertas, escondiendo la pierna de salida, llevando al toro con el pico de la muleta y acabando en redondo una y otra vez. El toro de bandera. El torero no. Dominar es un verbo, se domina a algo o a alguien. Perera no ha dominado ni a nada ni a nadie con la muleta. Ha sido el toro quien ha dominado los sentimientos del tendido. Pero el tendido premió al torero con una oreja. Otra cosa, la sangre fría de este torero debajo de las astas del toro me deja helado. Tras tropezar con el capote se quedó a merced de las astas del toro y las asió para corregir su trayectoria. Habituado al miedo ha conseguido pensar dentro de el. Asombroso.
Sebastián Castella espacialmente perdido. Calcando sus faenas. Desconectado y sin interés.
 Confirmó Ángel Teruel y trajo un soplo de aire nuevo Ángel Teruel es un soplo de aire seco. Aire real. Tiene una pose de antigüedad hoy en desuso que cautiva. Un placer ver moverse a un torero en la plaza. Su primer toro no fue nadie y eso le privó del triunfo. Su segundo se quedó parado y con esa quietud llegó la noche.
Alcurrucén, figuras, mentiras y cintas de video que a buen seguro no trasladarán un ápice de sentimiento a quien las visione. Ahora sí podemos decir que San Isidro ha comenzado. Era presumible. |
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