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Como todas las tardes pasa prácticamente lo mismo y, en consecuencia, este servidor les cuenta las mismas cosas por la noche… hoy intentaré ser más original. Al margen de la nueva decepción ganadera, esta vez con el hierro de El Puerto de San Lorenzo, y la actuación bastante mediocre de dos toreros a los que llaman figuras del toreo (El Cid y Daniel Luque), esta noche me detendré en una de las cosas que más me han impresionado de la sexta del abono de San Isidro. E, imagínense el interés que habrá tenido lo que ha pasado en el ruedo, que una de las cosas que más me impactaron esta tarde en Las Ventas fue el trabajo de un cámara situado en las alturas de la monumental madrileña. Como ya es tradición, Digital Plus, plataforma que emite en directo toda la feria, cuenta con una grúa situada en los aledaños del coso y en la que se sube cada tarde un cámara para recoger una imagen general y panorámica de la totalidad de la plaza de toros de Las Ventas. Antes de nada debo confesar que, con el pánico que le tengo a las alturas (a pesar de tener mi localidad en una andanada), me parece un trabajo heroico y digno de alabanza el que un hombre tenga el valor de encaramarse a tantos metros sobre el suelo. Haga sol, viento, llueva o granice… cada tarde, un operario del equipo televisivo del plus ofrece a los espectadores una perspectiva del coso de la calle Alcalá que sólo los pájaros pueden tener. Y algunos se preguntarán a cuento de que hoy este junta letras se detiene a analizar el trabajo de este hombre.  Ahí tienen al 'héroe de la grúa' en el día de hoy Pues bien, si todos coincidimos en que los toreros se juegan cada tarde la vida al trenzar el paseíllo en Las Ventas, también hay que reconocer que, esta tarde, ese anónimo cámara, se ha jugado la vida. Con la tormenta que se ha formado en el cielo de Madrid, aguantar estoico tantos minutos a tantos metros de altura, conlleva una no pequeña valentía. Con los relámpagos y truenos iluminando y atronando el oscuro cielo de la capital; con el viento soplando con intensidad; y con la lluvia transformada en un verdadero diluvio… yo lo pasé mal contemplando al señor de la grúa.
Y, una vez reconocido y plasmado mi sentimiento, terminar diciendo que menos mal que al menos uno de los que se vistieron de luces vino con la actitud de triunfar en Madrid. Que pena que tenga que ser la ausencia de contratos la que, casi siempre, obligue a los toreros a jugársela y apostar. El joven madrileño López Simón, con sus carencias técnicas y poco oficio, al menos logró captar la atención del público. Un público que, en su mayoría, hoy se mojó de lo lindo. Qué mérito el de todos los aficionados que, pese al diluvio y a la falta de casta, bravura, y fuerza de la corrida del Puerto de San Lorenzo, aguantaron en sus localidades otra tarde para el olvido. Por eso, en tardes como la de hoy, ejercitamos nuestra imaginación y seguimos haciendo trabajar a nuestra santa paciencia quedándonos con detalles como el valor y las ganas de López Simón o, por qué no, con el ejercicio de profesionalidad y valor del “héroe de la grúa”…
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