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Sin ser madrileña -por mucho- ni parroquiana de Las Ventas el cartel de hoy era, a priori, uno de los más atractivos de la feria y, a posteriori, no cambiamos de opinión. Los porqués empiezan en que el cartel se lee a partir de la ganadería, es decir, vamos centrados en el toro con distintos matices. Primero, porque la presencia de un encierro como este impone respeto a todos cuantos estamos detrás de la barrera. Y cuando digo respeto no significa que nadie le ponga un pero, sino que cada toro, por sí mismo, lo impone en el ruedo y, además, no se tiene la sensación de que alguno buscó la comodidad en este tema.
Luego, entramos en el tema del comportamiento. Al ver lidiar toros de José Escolar sabremos que habrá emoción, que el aburrimiento del toro que puede pasar cientos de veces transmitir nada queda de lado. Eso puede explicarse con la respuesta que el propio ganadero dio en la entrevista que le hicieron tras el apartado y que fue transmitida en el previo del festejo. Al preguntarle cómo esperaba que saliera la corrida, la respuesta fue breve como una sentencia: “Brava, en todo el sentido de la palabra; que sea brava y con eso es suficiente”. No hay rodeos con lo accesorio, la calidad, la clase, la duración, que no estorban desde luego, pero que no son el eje.
Sin tener una predisposición como tal, es verdad que los toreros brindan una atracción especial. La razón es muy sencilla. Mientras otros nos venden como una hazaña lidiar uno, dos o seis toros “difíciles” en años, los tres toreros de hoy, comen de ello día a día. No sólo los escogen para venir a San Isidro, sino fincan sus carreras como toreros, aceptan y, conservan así, la variedad de encastes, la riqueza del toro bravo.
 Toros y toreros que también sirven, gustan y entendemos En algún momento de la transmisión, un comentario de Manuel Caballero fue una síntesis sobre esa manera tergiversada en la que hoy se entiende el mundo del toro. Sin ser literales las palabras fueron “Esto no sirve para el toreo; o por lo menos para el toreo que gusta hoy”. ¡Vaya barbaridad!, pues habría que preguntar en Francia por qué, como los propios comentaristas mencionaron, piden prefieren toros de estas procedencias. La idea no es crucificar a Caballero, sino puntualizar la declaración -también comprendemos que en cierto sentido se refería a un toro que colaborara más con el torero.
Es verdad que hoy en día prima otro tipo de toro y por tanto otro tipo de toreo. Pero no exactamente es porque sea el que más gusta, sino porque es el más fácil de entender para los toreros y para el público. La corrida de Escolar nos ha exigido a todos. Con todas sus betas nos ha tenido atentos durante toda la tarde. La diversidad de encastes presenta muchas más aristas, portanto, se requiere también un aficionado más entendido. El otro tipo de toro lo prefieren otros porque el público, no afición, lo entiende con mayor facilidad. Además es el toro que los deja estar, el que presenta menos complicaciones. En consecuencia, ese es el toro que les sirve -a ellos- particularmente. Cosa distinta a eso de que no sirve ni gusta.
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