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Quizá los buenos aficionados a la Tauromaquia habrán despreciado el cartel del primer domingo de feria, en el que no había ni figuras de relumbrón, ni toros con mucha toreabilidad, y habrán aprovechado para retar al paddle, al golf o al calvo, al director general de tal empresa y a su yerno. Bueno, no seré yo quién se lo afee. Pero los aficionados al toro, cosa curiosa, igual han ido corriendo a las taquillas a sacar su entrada para ver a los Escolares, que no son los niños que van al cole. Estos ni van al cole, ni a la universidad, ni tan siquiera a una academia de corte y confección, aunque a nada que te descuidas te hacen un traje de arriba abajo. Cómo hoy, que se lo han confeccionado a medida a los tres diestros que han osado ponerse ahí delante. A Rafaelillo le han tomado las medidas para un terno de “No puedo con un toro que va a la muleta y que pide que le manden” con botonadura de nácar. Por su aspecto menudo y de chico bueno a Robleño le han cosido uno de “No todo son pases, también se requiere mando”, acompañado de una chalina a juego en tonos carmesí, el color de los valientes. Y a Alberto Aguilar le cae como un guante el de “No te aceleres y no dejes que el toro se te suba a las barbas”, entallado, con vueltas verdes esperanza del que tiene que aprender y quiere hacerlo, como es su caso.  Los Escolares que no van al cole Pero los toros tampoco eran perlas de los mares del Sur. El cuarto ha sido el mejor, aunque quizá en otras manos habría lucido más. Luego los ha habido complicados, que es lo que tiene el toro de lidia, que tampoco se han comido a nadie, pero que no perdonan los errores, no se les puede levantar la mano, ni acortar el viaje y a veces ni el torearlos con derechazos y naturales. Pero que tienen mucho que torear, pero mucho, mucho. Con una lámina impecable, con trapío, tamaño y una alzada considerable. Quizá algo mayores de lo que eran los Albaserrada hace unos años, dejando aparte lo actual de Victorino. Su comportamiento, bueno o malo, nos ha traído la variedad de la que tanto adolecemos en estos días, que no es para comprarle unas flores al ganadero, porque le queda mucho trabajo por delante en esa búsqueda del toro bravo y encastado, un largo camino lleno de baches, curvas y cuestas muy empinadas, pero viniendo de donde viene esta vacada y a lo que ha llegado, seguro que esto no le asusta. Estamos en la de siempre, cuando aparece el toro, muchos pierden la cabeza y otros creen que este es el ideal que muchos aficionados quieren, pero no caigamos en el maniqueísmo del blanco o negro, porque hay muchos tonos de gris. Porque la corrida de toros ideal, que Dios nos libre de ella, es la toros bravos, encastado, nobles, con presencia y que te pinten la raya del tercio, ya puestos. Aunque está claro que entre el toro bobo y este, uno lo tiene muy claro, uno prefiere el toro bueno o malo, pero que te pueda hacer un traje… a la moda de París.
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