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A través de la señal de Canal Plus, desde Quito, luego de dos tardes de vacío, se cortaron cuatro orejas y, Diego Ventura salió por la puerta grande por undécima vez en su carrera, en medio de las satisfacción de niños, jóvenes, adultos y ancianos que, vivieron con emoción lo que ocurría en la arena de Las Ventas de Madrid, cuando los toros, los caballos y los jinetes brindaban ese arte maravilloso como es el del rejoneo. Parejas jóvenes, unas veces con sus abuelos y, generalmente con sus hijos, muchos de ellos niños de brazos o de corta edad, disfrutaron de las incidencias que ocurrían en cada momento, con esa conjunción maravillosa de los animales y el hombre. Diego Ventura coge un puñado de arena de una plaza que le es talismán Alternaron: Diego Ventura que estuvo sensacional en sus dos toros cortando tres orejas, aunque Usía no lo vio así en el primero; Mariano Rojo que confirmó su alternativa cortó una oreja de su segundo; y, Leonardo Hernández que cumplió, aunque no tuvo su cuadra de caballos que se le quedaron en México. Los toros de Carmen Lorenzo, buenos, uniformes en su apariencia, aunque no así su peso y su juego. Los mejores el primero y cuarto. El público, una maravilla, pues llenó el coso hasta la bandera y disfrutó del espectáculo.
El gran dominio del hombre sobre el caballo y, el poder para lidiar a los hermosos toros de lidia que salieron por la puerta de toriles, ofrecía el arte puro pues, se pudo apreciar la armonía del conjunto, al ver en el ruedo a caballo, jinete y astado; la plástica, con la que se movían sobre la arena, en medio de la ovación del aficionado: y, el conocimiento del rejoneador sobre su caballo, para matizar como un pintor sobre su lienzo, cada paso que debía cumplir dentro de la lidia.
Sin embargo, lo más hermoso de todo, el mirar en los tendidos a familias completas de – por lo menos – tres generaciones, gozando y disfrutando hasta lo más hondo de su ser, lo que ocurría en el ruedo. ¿Por qué no pueden los niños ir a los toros? Nos preguntamos desde Ecuador, este país maravilloso de la mitad del mundo, cuando de conformidad con las leyes, la “Patria Potestad” no se la cumple y, pese a que los padres desean que sus hijos vayan a una corrida de toros o una corrida de rejones, no les permiten, a menos que los niños sean mayores a 12 años.
¡Qué pena que esto ocurra en mi querido país!, porque parece que en esta parte del planeta, la familia no les interesa – fundamentalmente – a los políticos mediocres de la llamada izquierda del Siglo XXI. Ojalá pronto vengan nuevos aires, pero que con ellos, vengan gentes inteligentes y con criterio, para quienes primero debe ser el hombre y luego los animales. Que sana envidia lo que hemos visto este día a la distancia.
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