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Segunda de la feria y segunda ocasión perdida para el aficionado. En esta ocasión hubo varios culpables y el primero el presidente don Julio “el opaco” (pues cuando habla parece que quiere que no se le entienda) por aprobar una corrida impropia de la primera plaza del mundo. Casi todos los toros protestados... principalmente por feos y mal hechos y otros por anovillados. Es como si esta empresa los hubiera comprado en las rebajas y a precio de saldo. Y luego va la autoridad y encima los aprueba por la mañana. Pero es que luego fueron todos mansos, casi todos medio inválidos (la suerte de varas se simuló) y la autoridad sólo devolvió el segundo, cuando el cuarto estaba mucho peor ¡Venga ya, hombre! Otro de los culpables fue el ganadero, pues tras el fracaso del año pasado no entiendo cómo quiere venir a Madrid así. Otro de los culpables, por supuesto la empresa por contratar esta mansa y descastada corrida en general. Y los aficionados a sufrir... y a pagar y callar.
 Uno de los toros de la tarde. No dieron la talla para Madrid Ante este panorama hubo un torero, Matías Tejela, que enseguida se borró con su primero y nada pudo hacer con el inválido y claudicante cuarto, mantenido cabezonamente por el palco. Lo único que hizo bien fue dar una buena estocada al primero, quizás la única vez que se mató bien en toda la tarde.
Los otros dos toreros pusieron bastante más interés en que la tarde no se les fuera pero todo resultó inútil. Y se les sigue esperando. David Mora, en el segundo, un sobrero Valdefresno del otro hierro de la casa, Fraile-Mazas, quiso replicar por gaoneras a un quite por chicuelinas de Nazaré y salió por los aires, afortunadamente sin daño salvo el porrazo y susto consiguientes. Fue el momento más emotivo de la tarde. Volvió con renovadas ganas y remató con una larga pero luego con la muleta no pudo ya redondear ante el descastado, manso y medio inválido. Y con el quinto aún peor. Y Nazaré sorteó un tercero que posiblemente fue el menos malo de la corrida, o al menos eso nos pareció desde el 7, aunque puede que fuese por ser el que mejor lidia recibió. E hizo concebir ciertas esperanzas, ligando algunos naturales jaleados. Pero falló a espadas y todo quedó en nada. En el sexto se estrelló contra un mulo.
Lo más curioso de la tarde se produjo durante los dos primeros tercios de la lidia del cuarto. El inválido no se tenía y claudicaba repetidamente una y otra vez. Y sólo los aficionados del 7 lo protestaron ruidosamente. El resto de la plaza, es decir, los otros nueve tendidos permanecían mudos. Esta es la afición que quieren los toreros y los taurinos, los mudos que todo lo callan. Así va esto un día tras otro. Cada vez peor. Por eso al final, los del 7 comentaban tristemente: “Nos han dejado solos en la protesta en la plaza. Con tanto “chorizo” suelto en todo el país, se ve que la mayoría silenciosa acepta que les roben sin decir nada. Todo se pega menos la hermosura”. Y se iban a casa maldiciendo por lo bajinis a todo y a todos.
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