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Comienza la feria de San Isidro en apenas unos días y a mi me entra la pereza taurina. San Isidro me da vida y el Toreo se ha convertido en una necesidad y no en una pasión. En repetidas veces me he definido como un ser contradictorio así que no me preocupa este sentimiento de pereza que cargo. Yo a Las Ventas iré siempre. Llegar a la Plaza caminando o en metro, entrar siempre por el mismo sitio, mirar arriba hacia el cielo azul y a la brisa blanca, mirar abajo al callejón y al miedo que se apodera de la arena, respirar el aire cónico, mirar al reloj y al torito que hace de veleta, ver el caprichoso ondear de las banderas, recordar y clasificar a las personas que se sientan en cada uno de los tendidos, sentir el sol al sentarme,... La pereza no la siento pensando en ir a la plaza sino pensando en que voy a pasar tarde tras tarde sin ver...
 Todo esto lo veremos y será así en unos días A medida que escribo la pereza se me escapa pensando que en lugar de ver un rito real voy a pasar tarde tras tarde en rítmica conversación con Antolín Castro y Enrique Martín. Ya no hay pereza sino alegría. Y ahora una cierta melancolía pensando en lo que podría ser una feria grande y en lo que se ha convertido: en un desierto con algún oasis -agua y tres palmeras- que en pocas ocasiones te asciende a la Gloria. De esto ya hemos hablado en repetidas ocasiones y seguro que seguiremos haciéndolo; de porqué salta ese toro a Madrid, de porqué ese torero no se pone en su sitio, de porqué ese aficionado protesta, de porqué esa señora aplaude, de porqué este cartel o porqué esta ganadería...
Quizás sea ésta la razón de ser de la feria de San Isidro en la actualidad, la melancolía. No es una mala razón pero podría ser mejor, podría cumplirse al unísono el sueño de un torero y de una afición, podría temblar la plaza, podrían retumbar los cimientos de un coso que se construyó para albergar hitos y que siempre será un espacio para soñar, podrían morir allí toros cuyos nombres se grabaran a fuego en el inconsciente colectivo, podrían llegar ganaderos altivos orgullosos de su realidad, podrían los aficionados ser serios, podríamos dejarnos todos de tanta tontería y empujar todos a una siempre con la base de un toro íntegro y de toreros con personalidad ergo toreo de mando.
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