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Después de dos días consecutivos de puerta grande…se rompió la racha. Aunque esta tarde se cortó una oreja, la puerta de Madrid no se abrió. Muchos dirán que es una pena, que vaya mala suerte, pero yo no opino así. ¿Y por qué? Pues porque prefiero ver la puerta grande cerrada a verla abierta de la forma en la que se abrió en estas últimas jornadas. Ninguna de las dos, ni la de David Mora ni la de Alejandro Talavante fueron, a mi juicio, puertas grandes de ley. La segunda tuvo algo más de peso que la primera, pero de todas formas, también fue liviana. Ayer saliendo de la plaza hablaba con una compañera extranjera de las puertas grades abiertas por Mora y Talavante. Coincidíamos al final en la idea de que la exigencia de Madrid se está yendo por el sumidero sin control. No puede ser que se abra con tanta facilidad la que se supone es la puerta grande que lo da todo, la de la gloria, la de la plaza de toros más importante del mundo. Y no sólo porque es injusto e incluso inmerecido, sino también porque así se resta importancia y peso al resto de puertas grandes abiertas con justicia. Si comparamos estas dos últimas puertas grandes con otras muchas, por ejemplo, la de Talavante del pasado San Isidro, nos daremos cuenta del abismo que hay entre una y otra. Madrid, como primer coso del mundo, debe mantener su exigencia y ello pasa también por no regalar orejas baratas que hacen muy poco bien al espectáculo. Pero el motivo está claro. Después del mediocre San Isidro vivido este año, la empresa tiene la necesidad de tapar bocas y maquillar la realidad. Y lo más fácil para conseguir esto es el triunfalismo. Con orejas cortadas todos los días y puerta grande día sí, día también, los responsables de esta desastrosa programación taurina en la capital del toreo, tienen argumentos para defenderse y decir que las ferias de este año no han sido tan malas. Y con el público que está acudiendo (muy discretamente) a este ciclo posterior a San Isidro, parece que lo van a tener realmente fácil.  A veces son más dignos los que entran por la puerta grande que los que salen Gracias a Dios aun quedan buenos y exigentes aficionados que seguirán clamando al cielo cuando se produzcan ciertas cosas en el ruedo venteño. Por ejemplo, seguirán protestando cuando se concedan orejas de pueblo muy alejadas del nivel y la exigencia de Madrid. La racha se ha roto y esperemos que siga así si las puertas grandes venideras van a ser del mismo peso que las últimas. En cambio, si de verdad aparece un torero que consigue emocionar y triunfar de forma sobresaliente, creo que todos estaremos encantados de que continúe la racha. Bienvenidas las puertas grandes, sí, pero las merecidas.
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