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Casi, casi, me atrevería a decir que le robamos –los aficionados presentes en el tendido como conjunto-, a Iván Fandiño pero no. No, porque ese casi, casi tiene una salvedad: el plural y el singular. Primero porque el tendido, la afición, que pareciera uno sólo, no lo es desde luego, y por lo tanto, al hacer esta generalización estamos siendo imprecisos. Segundo, porque no se puede responsabilizar únicamente al grupo de la decisión que al final, es el torero quien la toma.
Pensamos que el torero se pudo ver o sentir obligado a torear por el pitón izquierdo para darle gusto a todos y no perder. Pero eso provocó que perdiera. Iván Fandiño había hecho el toreo bueno al segundo con una construcción prácticamente precisa a lo que el toro requería, lo que además se convertía como en un espacio didáctico. Primero, casi a su compañero Juan Bautista que le dejó poco espacio al segundo de la tarde. Fandiño entonces le dio mucha distancia y con ello dimensión a cada muletazo. Lo dirigió además siempre a los medios, y el sitio era el correcto para que no le tocara el engaño. Es decir, no se trataba de una faena sólo bonita, o aseada, o correcta. Por otro lado, como un sector le había rechazado el brindis, que terminó medio abortando, el vizcaíno se empeñó en justificar porque lo había considerado oportuno.
 Con más aciertos, una concesión fue definitoria Había pues hecho lo más difícil, pero quien dice que no es complicado pasar por alto algunas exigencias del tendido. Quizá al ir por la espada a la barrera, quedaba ya sólo en su mente la manera en que habría de ejecutar la suerte suprema. Era lo único que faltaba para, sino asegurar desde ya, para afianzar la Puerta Grande. Al cambiar de decisión, ganaba la unanimidad aunque terminó por perder en el resultado. La ambición no se puede censurar, aun cuando pueda arruinarlo todo. Entre más altas son las aspiraciones, se sabe, las probabilidades de tener momentos en los que uno se pueda quedar con las manos vacías son mayores.
Nos parece que así jugó Fandiño, que así pensó, que así acertó, que así erró. Las concesiones quizás las terminamos pagando todos, pero los aciertos también nos los quedamos todos.
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