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Esto podría haberse escuchado comentado por los tres novilleros de esta tarde, pero no creo que sea el caso. Unos se quejarán por su mala suerte y otro quizás por su falta de suerte, pero en lo que a lo mejor no reparan es en pensar que si tuvieran mejor asentadas las primeras letras del toreo, a lo mejor la fortuna les habría sido más favorable. Incluso podrán decir que quién soy yo para hacer creer esto. Pues no soy nadie, pero a juzgar por lo visto en la novillada de Guadaira, da esa sensación. Tanto Alberto Durán, como Gómez del Pilar y Damián Castaño, a pesar de haber dado muchos pases e incluso conseguir una oreja y todo, han dejado claro que pases sí, en cantidad, pero toreo poco. Uno se cansa de repetir lo mismo, eso de la lejanía, el pico y tralará, tralarí. Un mal que se repite tarde tras tarde. Pero lo que no se les podrá negar es su actitud, estar en novillero, especialmente Gómez del Pilar, que al final ha sido el único que ha paseado una oreja. Otros días me encontraba ante un preocupante déficit de situaciones dignas de dibujar y de poder recrearme en el momento mientras me manejo con los lápices y los pinceles, pero hoy no ha sido el caso. Primero fue la estocada de Alberto Durán al que abría plaza, en un intento de matar recibiendo que acabó con una media de efectos fulminantes; que bueno que los jóvenes aprendan estas cosas y se atrevan a ponerlas en práctica. Luego alguno de los dos pases de pecho, con la derecha y con la izquierda, en que Gómez del Pilar se ha sacado el novillo por la hombrera, alguna de las dos verónicas más que aceptables al quinto, así como algún natural suelto en el mismo toro.
 David Adalid conoce los fundamentos del toreo Pero al final no me he podido resistir a la torería de un hombre de plata, David Adalid, del que ya conocemos su buen hacer desde hace tiempo. Lo habitual es que el peón que lidia coloque al toro sobre el tercio un poco más afuera, mirando hacia los medios, donde el rehiletero le cita para parear. Hasta ahí todo está bien, pero muchas veces vemos como se le pegan mil y un capotazos al toro para colocarle como el toro no quiere, y además no se deja. En esta ocasión el toro estaba un poco cerrado y aunque tampoco había opuesto demasiada resistencia para salir de allí, David Adalid se ha dado cuenta que no era cuestión de perder el tiempo. Tal y como estaba el animal, se ha plantado delante de él, le ha citado, le ha hecho arrancarse y con serenidad se ha ido a su encuentro. Al llegar el momento del embroque ha cuadrado en la cara, ha levantado los brazos y ha clavado en todo lo alto como el que no quiere la cosa. La situación no era nada fácil, tenía su riesgo, pues eran unos terrenos en los que el toro podía defenderse y complicarle la vida, pero Adalid con su decisión, su conocimiento del toro y de los terrenos y su orgullo de torero, ha puesto un gran par, ha evitado capotazos inútiles que perjudicarían la labor de su matador y ha confirmado lo que decía don Gregorio Corrochano, que el buen banderillero no es solo el que hace bien la suerte, sino el que encuentra toro en cualquier sitio. Pues esta es la teoría y la demostración práctica de quien sí aprendió lo fundamental del toreo.
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