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Así se viene a Madrid, con una corrida bien presentada, armónica, bien armada -sin sospechas-, en tipo y con poder. Salió el toro, el toro por fuera y por dentro; a sus bellas láminas se unió la bravura y la casta en algunos de sus animales. El toro que rompe las patrañas de los interesados. ¿Quién oyó hoy pitar a los aficionados al salir toros con quinientos y pocos kilos? Qué patas más cortas tiene sus argumentos señores taurinos y agregados. Lastimoso abrió plaza y fue lidiado por Fermín Spínola. Amplio de cara, bajito, pero con la seriedad suficiente para esta plaza. Embistió templado de salida, con cierta sosería; en varas hizo una pelea fea empujando arriba con un sólo pitón; el primer puyazo fue excesivamente largo, el segundo medido. En banderillas fue noble, y noble fue en la muleta. Tuvo un comportamiento boyancón al que además de faltarle casta, la paliza en varas se notó y llegó muy parado al último tercio. Fue un bicho noble y manejable.  Debajo del peto, con fijeza, empujando con ambos pitones, estuvo 'Pistolero' Pistolero fue el segundo de la tarde y su matador Serafín Marín. Mostró de salida altiva estampa; acucharado de cuerna y bella lámina. Fino de cabos, degollado de papada recordando el encaste Contreras. Se enceló con el jaco y estuvo demasiado tiempo debajo del peto; fue reservón en banderillas, más claro por el diestro. Por ese lado repitió con bravura y seriedad en varias tandas en la pañosa; más espabilado y difícil fue por el zurdo. Fue aplaudido al arrastre por bravo y encastado y mostrar poder hasta el final.
El tercero lució un pelaje muy característico de Contreras: castaño ojinegro. Sus bonitas hechuras no le hacían perder seriedad. Embistió humillado, azotando el aire con su rabo, a la capa de Rubén Pinar. La pelea en varas no pasó de aceptable, empujó con un sólo pitón en la dos entradas y salió suelto del segundo. En banderillas fue reservón y sacó pies a conveniencia. Escarbó desafiante en los inicios de las tandas de muleta para proseguir boyante en las embestidas; fue claro y repetidor por ambos. También le aplaudió la afición. Buen toro. Ruiseñor fue el cuarto, serio por delante enseñando dos biergos pavorosos y el rabo arrastrado por el suelo. Salió suelto de la capa después de echar las manos por delante. En el caballo peleó con genio, sin fijeza. En banderillas fue pronto y curiosamente se dolió del segundo par, receló de tableros. Embistió con fijeza y prontitud en la muleta, se rebozó por el derecho. Murió con la boca cerrada. Sus 528 kilos no fueron pitados de salida y su bravura aplaudida al arrastre... ¿No dicen que en Madrid gusta el zamacuco? Ya está bien de milongas baratas... O caras. Nadie sabe el precio. 2º, 3º y 4º han llenado la tarde. En quinto lugar se corrió un castaño albardado, segundo del lote de Marín, el de más peso del encierro; serio, delantero, degollado y de hocico avacado. Repitió con codicia en los lances de recibo. Empujó bien en varas: abajo y fijo; se enceló y estuvo mucho tiempo debajo del peto –dos minutos- en el primer puyazo; al segundo se arrancó decidido, metiendo riñones. Pese a la paliza en varas, se mostró alegre en la brega y galopó en banderillas. En la muleta le faltó fondo, de rebrincado, pasó a calamochear, fue a menos y terminó muy apagado. Buena parte de la bravura se la dejó también en el caballo. Camarino cerró plaza a manos de Rubén Pinar. Más basto que sus hermanos, cabezón y pechugón, de desarrollado cuarto delantero. Fue violento de salida, robó capotes. Sin entrega se dejó picar en varas. Reservón en banderillas y de cansino inicio en el trasteo de muleta, deslucido. No dio opciones a Pinar. Un aficionado próximo preguntaba en voz alta: “Y las figuras, los que mandan en la fiesta, por qué no matan estas corridas”... Yo le dije, desde mis cortas luces, posiblemente porque puede salir uno como el segundo de esta tarde o alguno que se acuerde de Bastonito. ¿Verdad? Ahora soy yo quien pregunta. |
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