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Qué felices y contentos hemos llegado los del 7 hoy a la plaza. Sabíamos que había una preciosa novillada en los corrales (incluso con más trapío que la mayoría de corridas vistas últimamente aquí), según nos decían los que la habían visto por la mañana, junto con tres interesantes y prometedores novilleros en el cartel, cada uno en su estilo, que iban a mostrar posiblemente una luz en ese futuro, que nos tememos tan oscuro, de esta fiesta a la que tanto queremos. Y tras arrastrar los dos primeros novillos, comenzamos a dudar de todo y de que posiblemente nuestro gozo fuese enterrado en un pozo.
Porque la realidad, la que no contarán los sinvergüenzas metidos dentro del “aparato” (esa especie de sindicato del crimen que se lucra de la fiesta), era que esos dos primeros novillos fueron un prodigio de casta. Más casta que la que llevamos viendo en casi toda la feria. El primero, muy manso pero también muy encastado, no paró de moverse hasta su muerte, aunque escapando continuamente de todo lo que se le ponía por delante. Diego Silveti intervino en quites con desigual fortuna. Aquí remata con revolera El azteca Silveti, torero de cuarta dinastía de una de las más importantes que ha tenido México, hizo todo un derroche de ganas y buenas intenciones...pero con un desconocimiento total de cómo lidiar a un manso encastado. Ni él ni su cuadrilla consiguieron pararlo jamás. Ni siquiera Barrio, cuando realizó su correspondiente quite. Se ve que todos habían faltado a clase cuando se explicó en la escuela esta lección (una de las primeras y también una de las más básicas de la tauromaquia) y tampoco habían pedido los apuntes. Y Silveti, tras ser volteado y varias veces quedando a merced del bicho, quedó retratado. Buena voluntad pero falto de conocimientos. Por otro lado, algo normal en un novillero. Pero es que el segundo novillo también fue un derroche de casta aunque algo menos manso, embistiendo con rapidez y Víctor Barrio, muy decidido, valiente y dando la cara, casi nunca supo cómo domeñarlo, dominarlo, encauzar sus embestidas. Y como los enganchones y desarmes le fueron obligando a recular, rectificar y perderle pasos (algo que nunca se debe hacer con un toro encastado, según el “primer teorema de Facundo” *) su faena fue a menos y terminó absolutamente desbordado. Mató de una desprendida y atravesada de efecto rápido y como había muchos espectadores orejeros no habituales a los que les habían regalado la entrada, le pidieron la oreja minoritariamente que, por una vez y sin que sirva de precedente, don Julio, hoy en el palco, no concedió. Y los que antes le habían pedido la oreja tampoco pidieron ni le obligaron a dar la vuelta. Ese es el total desconocimiento de la gente que en feria acude a esta plaza.
Tras la lidia de estos dos primeros novillos, en el 7 nos temimos lo peor. Y llegó. Al tercero, manso con mucho menos poder y casta, se lo cargaron con unas varas caídas y traseras, dejándole una cojera evidente y con limitadas fuerzas el resto de la lidia. El otro debutante, Rafael Cerro (que le había capoteado esperanzadoramente), le intentó hacer el toreo moderno con la muleta, pero si algo de casta tenía se la habían quitado en el primer tercio y terminó agonizante. Todo quedó en intentos de darle pases sin sentido, prolongando absurdamente una faena inexistente.
Era la mitad de la corrida y en el 7 estábamos cada vez más mosqueados. Al cuarto, otro con escaso poder, por si acaso le dieron también fuerte y trasero en varas, por lo que llegó a la muleta de Silveti con poco recorrido, dando la impresión de poderle enviar al hule en cualquier momento. Se atascó con los aceros y se le notó que aún está verde, sobre todo para el toro de aquí. Variado con el capote, se le vio con poca naturalidad en casi todo lo que intentó, tal vez desbordado por los nervios.
En el quinto, la expectación era máxima. Barrio, según algunos el novillero con más proyección futura, se la jugaba. Pero sorteó el novillo más flojo, pobre de cara y descastado del encierro, también masacrado en varas y que fue a menos en el resto de la lidia, terminando casi por pararse. La faena no tuvo continuidad, el novillero se puso pesadísimo, se colocó en la oreja y para colmo lo mató fatal. Cada vez que vemos a este novillero le notamos peor, nos gusta menos, usa cada vez más trucos de toreo moderno para cortar orejas y nos da la impresión de que está en retroceso. Cuando debía ser al revés, es decir, verle cada vez más cuajado. Ojo, con esos consejeros que le rodean...
El sexto, jabonero sucio, era el más cuajado (por eso le dieron en varas), un verdadero toro, manso (apretando hacia los adentros en banderillas hasta perseguir y tocar ligeramente a Yestera), con casta y transmitiendo, al que Cerro nunca supo lidiar, salvo hacerle el toreo moderno, despegado, metiendo pico, yendo a menos y desperdiciando así sus nobilísimas embestidas, jaleadas por los orejeros. El novillo se toreaba solo y Cerro nunca estuvo a su altura, pues se merecía algo más. Como lo mató de bajonazo no obtuvo premio. Sin embargo es de los tres el que más nos parece con posibilidades de mejorar, pues es el que menos tablas tiene.
En resumen, hoy que hubo novillos-toros los novilleros no estuvieron a su altura. No están preparados para salirse del medio-toro y cuando algún bicho saca castita les deja desnudos. Pero eso les pasa a la mayoría del escalafón, incluido el superior. Ese es el futuro negro que nos espera. Ahora dirán que la gente ha tomado partido por los toros...decían al final en el 7. ---------- * Primer Teorema de Facundo: Si le pierdes pasos a un toro encastado inexorablemente serás volteado.
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