Si la noticia fuese, que la corrida ha sido brava; no hay noticia. Una vez más tenemos que entonar que los toros lidiados de Luis Terrón han sido todos mansos para la lidia y que además su presentación era rayana o por debajo de la categoría de esta la plaza. El primero de la tarde respondía a Bondadoso –y lo fue-; chico y de poco cuajo; en tipo murubeño. Se dolió en los rejones de castigo y no reaccionó, al contrario, siguió distraído. Paradote anduvo en banderillas y, aunque fue noble, le faltó codicia. Fue franco ante las cabalgaduras de Sergio Galán y terminó rajado al final de la faena. Botinero, el cuarto de la tarde, era bajo y de buenas hechuras. Inició y siguió distraído tras recibir un rejón de castigo. Buscó toriles en el segundo tercio. Manso sin celo alguno y reservón. Quedado en las cortas y casi parado en la suerte de matar. El primero de Moura Caetano, bautizado como Señorito mostraba hechuras anovilladas, acodado de cuerna respondiendo a su encaste. Hizo un buen primer tercio y se templó mucho en banderillas para terminar quedado. No apretaba y fue fácil. Terminó muy parado en el último tercio. 'Segador' el más manso y el más 'malo y matador'. Foto: las-ventas.com Segador fue el más manso de la tarde, abroncado al arrastre. Era basto y cuajado. Salió abanto y barbeó tablas. Del primer rejón sale frío y busca de nuevo los tableros. Por su marcada querencia fue complicado en banderillas y reservón que hirió en arreón traicionero a Passape. Fue soso y manso de libro. Leonardo Hernández se las vio en primer lugar con Montecillo que era terciado y de buenas hechuras. Había salido como casi todos sus hermanos: distraído y abanto. Sacó codicia tras ser rejoneado. Pero se enfría. En el segundo tercio se hace reservón y malicioso, busca carne e hiere a Templario. Tuvo poca entrega y fue un manso complicado. Ultralunito cerró el festejo, negro como todos sus hermanos, terciado y cornalón. Hizo la salida más mansa del encierro: barbeo, no hizo caso alguno del caballo y al final saltó al callejón. Otro toro era después de los rejones de castigo: se templa y persigue al caballo –algunas veces por delante- y va a más en banderillas, y, aunque no es codicioso, colabora. Fue el manso colaborador de la tarde. La afición a los rejones –dirán- "es para comérsela"... No rechistan... Tres corridas de toros en San Isidro y las tres de encaste murube, amén de las que se lidian el resto de temporada en las demás plazas. Es increíble. Yo no lo entiendo. Y si salieran bravas... quizás. Hasta mañana. |