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Tengo la costumbre, mala seguro, de dividir en dos los tipos de toro que sirven al rejoneo: los toros que se mueven y los toros que se paran. En función de esas dos variables el rejoneador podrá maniobrar o torear y lucir sus maravillosas y asombrosas montas de distintas formas y maneras. Eso sí, sin astifinidades. Y tengo otro defecto para ver rejoneo y es que he visto demasiadas veces a Hermoso de Mendoza. De lo que sí disfruto es de ver el espacio entero que conforma el ruedo venteño ocupado y con sentido.
Por lo demás tarde alegre en Las Ventas para ver a los caballos y a los rejoneadores que espaciaron a sus primeros toretes así:
 Fueron mansos los 'terrones' el último saltó la barrera cual en concurso hípico Toros de D. Luís Terrón: el primero parado y con escaso recorrido, el segundo brioso en la salida y parado en la meta, el tercero y último de mi tarde justito de fuerzas.
Sergio Galán tuvo en su primero un compañero lo suficientemente majo como para acompañarle un ratito sin mucha gana. Se lució Galán hasta en el infame bajonazo que pasaportó al torete.
Caetano Moura se irá con la pena de ver como en un quiebro errado su ligero cruzado lusitano de nombre Garabito salía corneado merced a un potente encontronazo más propio de la suerte de varas. Su labor fue jaleada hasta que su oponente dijo basta y aquí me quedo. Murió de media y contraria.
Leonardo Hernández sacó partido de las justitas fuerzas de su primero y las dosificó hasta poner tres banderillas cortas y en redondo que hicieron el furor de un público que a pesar de ver como el torete moría de una estocada trasera y contraria le concedió la oreja.
Foto: las-ventas.com
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