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Hoy hubo consumación de toreo moderno. Para ello se necesitan toros que lo permitan. Y los pupilos de los hermanos Lozano que desfilaron hoy por La Ventas lo permitían. Es lo que van buscando los ganaderos en los últimos tiempos, mansos nunca bravos, con las fuerzas justas para pasar el primer tercio sin desentonar demasiado, con casta escasa, que no sea necesario dominarlos ni poderlos, para que no ponga en problemas a los toreros y que salgan ya preparados para darles miles de muletazos “pallá y pacá”. Y sobre todo y por encima de todo, nobles hasta la extenuación, es decir que si se equivocan los toreros y lo hacen mal que no se pongan peligrosos, que nunca tiren cornadas. Las fundas, ya tan extendidas, ayudan bastante a ello. En resumen, toros a los que siempre hemos llamado algunos “toros tontos o gilipollas” y a los que el maestro Vidal llamaba “los toros lelos”. Bien presentados, para que no haya problemas de reconocimiento por la mañana y con apariencia de toros por fuera pero vacíos por dentro. Un toro de lidia no es eso que ha salido hoy por los chiqueros. Eran toros modernos para realizar el toreo moderno.
Con estos elementos, es evidente que cada uno de los toreros de la terna pudo sacar todo su armamento a colación, mostrando cada cual sus poderes, su manera de realizar y concebir el torero moderno, ese que tanto alaban los taurinos y con el que sus mentidores en los medios no dejan de hacer el ridículo, pues decir que estuvieron por encima de sus oponentes es mentir. No estuvieron por encima. Cada uno estuvo a su altura. Y los orejeros hoy felices, pues consiguieron una y no se fueron de vacío. Los únicos que nos fuimos de vacío y plenos de aburrimiento fuimos los del 7, porque no hubo en ningún momento emoción. Algunos estuvimos a punto casi de dormirnos. Fue una tarde inaguantable de toreo moderno.
Castella hizo su numerito completo a base de ración de pico en su primero, despegado, con el toro siempre con el pitón externo por fuera de la muleta. Como el toro lo admitió todo sin protesta alguna y mató de una buena estocada, los orejeros, que hoy llenaban la plaza a reventar, se lo premiaron. Al los del 7 nos aburrió pero a los demás les debió gustar. Se ve que remamos contra corriente. Como el otro toro le protestó algo más, no pudo casi ni ligar dos pases sin tocarle la muleta o engancharla. Y se fue aburriendo el torero y contagiándolo a los orejeros. A los del 7 no, porque bastante aburridos estábamos ya. Hay que decir que esta vez no puso en marcha el famoso pase cambiado ¿Quiso ser algo variado? Pues nos aburrió igualmente, con o sin.
Si dicen que El Cid está en un bache, podemos afirmar que Perera está en una profundísima sima, que debe ya llegar cerca de Australia, en la otra punta del globo. Y eso que los toretes modernos de esta tarde le podían haber ayudado a realizar su toreo despegado y retorcido y con la pierna atrás. Pero no, no estaba. Además ha pasado de ser un certero estoqueador a recetar unos traperos e inmundos navajazos, que afean aún más su labor.
 Adame comenzó con estatuarios y resultó derribado por las patas del toro El confirmante mejicano Joselito Adame, otro azteca más en esta feria, estuvo animoso, como debe ser en día tan importante y señalado. Su primero se prestaba más. El otro era un manso grandote que buscaba por donde escapar desde sus comienzos. Levantó a veces olés de aprobación en los orejeros pero nunca terminó de acoplarse a cada uno de sus toretes modernos. Fue ovacionado educadamente al final de sus trasteos, pero sin levantar pasiones. Con tales mimbres era imposible salir de la mediocridad y el sopor.
 Y ya en el suelo, solo su juventud y agilidad le permitió levantarse a tiempo Si este es el toreo del futuro, menos mal que nosotros ya no estaremos para verlo, decían los del 7 al final, escapando de la plaza, tras sufrir otra tarde más lo que programa el taurinismo para cargarse la emoción y el riesgo. Pero, por favor, háganlo por ahí si quieren pero no lo hagan en esta plaza, en nuestra plaza.
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