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De eso es de lo que ha disfrutado Madrid en el día de su Santo Patrón, de un petardo ganadero de Núñez del Cuvillo, en juego y, lamentablemente, en presentación. San Isidro ha debido sentir vergüenza, o al menos se habrá sonrojado del encierro que un su honor se ha corrido esta tarde.  Este fue el toro de la confirmación Arturo Saldívar ha hecho que sus toros pareciesen mejores de lo que fueron a base de entrega; su primero, que respondía a Aguador, era colorao, chorreao, anovillao y lavado de cara por cornalón. Ya en el capote flojeó y el segundo puyazo –o entrada- fue simulado por ambos –quiero decir toro y picador-, los dos se desentendieron; no vi el primero, me dicen que lo tomó por los adentros... Bueno. Se dolió en banderillas y llegó muy rebrincado a la muleta; aunque repetidor fue bronco y deslucido; un manso que sacó genio y brindó algunas posibilidades gracias al tesón del torero. Con Aguador había abierto plaza Saldívar y la cerró con Asturiano, que tampoco le dio demasiadas oportunidades de lucimiento. Asturiano era de pelo negro, regordío y bajo de trapío para esta plaza. Echó las manos por delante de salida y formó una capea en el primer tercio. Le banderillearon con facilidad y en el quite se mostró soso. Aunque manso, sacó casta en el último tercio, se arrancó de largo en varias ocasiones y emocionó. Dos tandas buenas por el pitón izquierdo colmaron su ira y buscó Asturiano el refugio de las tablas.
Morante pasaportó al segundo de la tarde de nombre Laborioso -el toro-, negro y pitorrito; pobre de cara y feo de hechuras. Ni por asomo nadie pensaría que este toro acabaría lidiándose en Madrid... Pues lidiado está. Bueno lo de lidiado es un decir. Peleó con un solo pitón en varas y perdió varias veces las manos durante la faena de muleta. El feo toro se aplomó, y se acabó lo poco que se daba... Nada. Le dedicaron una sonora pitada al arrastre. El segundo toro de Morante estaba bautizado como Ventanero, estaba bien armado pero le faltaba cuajo. La corrida ha sido una verdadera escalera cargada de defectos, impresentable para la primera plaza del mundo. Repitió sin entrega en la capa y en el jaco. Dulcísimo repetía en la muleta para estabilizarse, pero se desplomaba con su propia inercia. No tuvo fuerzas ni continuidad y embistió mortecino; un solemnísimo buey. El tercero de la tarde fue recibido con protestas –varios toros han sido protestados de salida, otros tantos al arrastre. La música de viento ha sonado bien hoy-, era anovillado y de poca seriedad; pobre y bizco de cara. No se entregó en los lances de recibo y huyo de los capotes. En varas se cambió el tercio con dos picotazos. Repitió con largura en la muleta por el pitón izquierdo pero tuvo poco fondo; ninguno, sería más acertado. Embestía renqueante sin emocionar. El quinto era negro, bizco del izquierdo –hay bizcos que tienen su gracia-, éste era feo a más no poder. Saluda a Talavante escarbando junto a tablas. No pasa en el capote y se frena. Empujó con fuerza en el peto y salió con más en la huida del caballo. En banderillas pareció fogueado –en otra época lo hubiera sido-, brincaba como un demonio al sentir los arpones. Con genio persiguió la muleta de Talavante en los inicios. Emocionaban sus fieras arracadas, producidas más por rabia que por bravura. Por el izquierdo se empleó más templado a medida que perdía gas, terminó completamente desinflado. Fue un bravucón de pocas posibilidades. Así acabó el petardo ganadero y aliados de esta tarde y, cuidado, los culpables andan por ahí sueltos... |
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