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La reciente puñalada recibida desde las Islas Baleares no hace más que ahondar en la herida de nuestra querida Fiesta.
El Parlamento balear -o ¡vale ar! en términos militares- escenifica la postura de la izquierda contra la fiesta de los toros. Todo lo quieren por imposición militar. Ya no saben qué hacer para transgredir cuanto a ellos no les gusta.
En esa transgresión invaden todas las competencias habidas y por haber, además de la lógica y el sentido común. Ridiculizan lo que es una corrida de toros, anulan sus siglos de historia, además de reprobar a cuantas generaciones nos precedieron y la resumen como para un cuento de Walt Disney.
No son más tontos porque, hasta en eso, no saben cómo hacerlo. El Gobierno pone en marcha los recursos correspondientes y las ansias de politizarlo todo se irán por el desagüe de sus propias diarreas. Quieren un mundo a su imagen y semejanza y privan de libertad a quienes no piensan, ni quieren vivir, como ellos.
No les gusta la misa, no vayan; no les gustan los toros, no vayan; no les gusta la libertad, hay países que les pueden acoger; no les gustamos los ciudadanos diferentes, abandonen los postulados democráticos. Pero déjennos vivir en paz.
Lo más doloroso es que en esa izquierda está el llamado PSOE, que es un galimatías de mucho cuidado. Aficionados a una política de barrio, de ahí dicen que vienen los obreros, olvidan que España necesita de una política con mayúsculas. A ellos solo les gusta la política con minúsculas, o por barrios.
Puestos así, hagamos todo a la balear: Con su pan se lo coman y si es sin cuchillo y tenedor mucho mejor, no sea que le vayan a hacer sangre al chuletón.
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