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El pasado mes de abril recibí una llamada del ganadero Don Fernando Páramo, dueño del hierro de La Ceiba, ganadería que se encuentra registrada en la Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia y que se ubica el municipio de Calotmul, Yucatán, para invitarme a una comida que se realizaría en su dehesa.
El sábado era el día y acudí con mi familia, mi esposa Maribel y mis dos hijas Maribel y Amayraní Perera Pacheco, les debo decir que son muy taurinas, y después de recorrer las instalaciones en compañía de varios amigos taurinos, y de admirar los toros en el campo regresamos y el ganadero nos indica que hay dos becerras para los invitados y todos los amigos me animaron a torear a sentirme torero, y como para mi la fiesta brava es pasión y una forma de vida no lo pensé dos veces y por el burladero pise el ruedo esperando a la becerra.
 Estar frente a una becerra es una experiencia única Esperé a la becerra con el capote y realice dos lances a la verónica cargando la suerte, me sentía en La Plaza México o en Las Ventas de Madrid, después de mi actuación los aplausos no se hicieron esperar, el ganadero me dijo ”Enhorabuena Abogado” y yo me sentía bien conmigo, ya que torear aunque sea una becerra es lo más hermoso del mundo, y para mi no se paga con todo el oro del mundo.
Después disfrutamos de carnes asadas y un buen vino comentando las próximas actuaciones de la ganadería y antes de entrar la noche retornamos de vuelta a casa en la ciudad de Mérida, pero con un sabor de boca muy taurino.
Llegando a casa no hablaba de otra cosa sino de mis lances con la capa y la verdad tenía como cinco años de no torear una becerra, pero para mí ese sábado del pasado mes de abril es uno de los días más bonitos que he vivido, así como también pertenecer y escribir en el mejor portal taurino en la actualidad Opinionytoros.
Foto: Cortesía de Roberto Tapia
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