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Tenía otras ideas en la cabeza a la hora de orientar este artículo, sin embargo la actualidad manda.
Por un lado, un pírrico resultado orejil, tres orejas han cortado los matadores de toros en un gris serial de San Isidro y por otro nos encontramos en periodo de exámenes. Más de uno pensará que me he tomado alguna sustancia “psicotrópica” a la hora de tirar un puente que una estas dos ideas.
Recuerdo mi época de estudiante, mediocre para más señas, mi tiempo lo invertía mayormente en jugar al mus en lugar de ir a clase o la biblioteca y también estaban en mi agenda los compromisos festivos ineludibles de cualquier facultad, ya fuera de medicina o de derecho.
Era de los que cuando suspendía decía “el profesor me ha suspendido” o “fulanita me ha vuelto a suspender, joder menuda cabrona”. Eso sí, cuando aprobaba decía “he aprobado”.
Utilizando este símil, si lo cambiamos de terrenos y nos lo traemos al ruedo, veremos pronto la sintonía entre ambas ideas nombradas inicialmente.
 Al presidente le quieren en silencio si otorga, pero se le critica si no lo hace A muchos toreros, hablo por extensión, después de una faena o de una tarde se les oyen incendiarias declaraciones, llenos de ira e indignación: “el presidente me robó la oreja”, “no me quiso dar la segunda”. Por desgracia también con mayor frecuencia de la deseada una parte de la prensa “especializada”, de la que suele ir a favor de obra, usa esas expresiones refiriendo en sus crónicas: “un presidente con excesivo afán de protagonismo” o “atraco del palco” “el presidente niega la puerta grande a menganito” y otra serie de lindezas.
Sin embargo cuando los presidentes tienen mejor muñeca que el añorado baloncestista Drazen Petrovic y se les va de las manos la concesión de trofeos, convirtiendo la tarde en una verdadera tómbola, la cosa cambia. No se oye decir al espada, “de las cuatro orejas que he cortado dos son de regalo” o “ha sido una puerta grande de poco peso”… de ninguna manera.
El presidente de una plaza de toros, tiene en común con el picador que son los malos de la película en este tinglado. Y digo yo, que habrá de todo como en la viña del Señor, no se puede estigmatizar.
Qué sería del Bocho sin Matías, ¿Se lo han preguntado alguna vez? Cuando Matías concede las dos orejas, ese triunfo es de ley, su peso en oro. Su regia conducta contribuye a la idiosincrasia y seriedad de Vistalegre.
Por lo tanto rompo una lanza en favor de los presidentes de las plazas de toros, aún confundiéndose en ocasiones como todo ser racional, suponiéndoles afición, al igual que el valor en el soldado, y en iguales dosis justicia y ecuanimidad.
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