Este domingo 16 de septiembre está ya grabado para siempre en la memoria de las piedras del Coliseo Romano.
La expectativa era máxima, Nimes se despertó sin aire y con un sol espléndido. Se escuchaba hablar español en todas las calles estrechas que llevan a la plaza de Toros.
Los tomasistas habían venido de todo los rincones del planeta taurino para ver a José Tomás.
Y José Tomás había elegido Nimes para una corrida en solitario.
Vestido de un traje plomo y oro, José Tomás nos ha ofrecido su tauromaquia pura y minimalista. Los lances precisos, con un capote de seda, volaban en unos faroles picturales con esta luz tan particular del medio día. Símbolo fuerte, los dos brindis, solo hubo dos. Uno de bienvenida a sus admiradores al primer toro, y el que cerró la plaza, como una despedida satisfecha a sus seguidores. Dos brindis mirando hacia hasta lo alto en las gradas y las piedras.
Como merienda, el público pidió el indulto del cuarto toro de Parladé, que había saltado de salida al callejón. José Tomás lo toreó con una sola mano y sin ayuda… El resto no se explica, hasta en las imágenes no se siente lo que hemos compartido con José Tomás.
Como en la carta del Tarot, José Tomás estaba en el epicentro taurino del “Mundo” logrando la perfección. Así se sintió y así se lo cuento.
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