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Lázaro Echegaray  
  España [ 29/01/2016 ]  
EL CINISMO PATRIO
La información taurina de la semana ha tenido que ver con un padre que se lanza a torear una vaca con su hija, que aún no alcanza el año, en brazos. Hay que dejar claro, aunque es de todos sabido, que esta acción no se realiza en una plaza de toros, o en un foro público, sino en un recinto privado, en la intimidad de un hogar que si no pertenece al  padre en cuestión, será de un amigo cercano. Pero el ámbito privado ha trascendido y aquello que debería ser íntimo, ha saltado al ruedo mediático ¿Por qué? Porque ha sido el padre torero el que ha mandado fotografiar la escena para colgarla en las redes sociales; le ha dado publicidad al asunto. Las reacciones, como por otro lado no podía ser de otro modo en el ambiente en que vivimos, no se han hecho esperar, la foto ha saltado de las redes a las portadas de los periódicos, a los sumarios de los telediarios, a las tertulias de mayor y de menor peso. Y el debate social está servido. Al padre en cuestión, torero de profesión, se le acusa de irresponsable, de poner la vida de su hija en peligro, de inculcar valores nefastos en la educación de un menor. En el lado contrario, están los que consideran que los padres y madres pueden elegir la forma en la que educan a sus hijos y los valores que quieren que aprendan. A todas luces parece normal que un padre quiera enseñar a su vástago la profesión a la que se dedica. Por otra parte, que sepamos, la práctica del toreo no es un acto perseguido por la ley, todavía, y hacer que un menor entre en relación con ella no puede ser considerado como quien incita a sus hijos a tomar drogas, a emborracharse, a robar o delinquir. Otra cosa puede ser el riesgo que existe cuando se expone a una persona incapaz ante el peligro que genera una vaquilla. Y esto hay que tenerlo en cuenta. Estoy seguro de que ni Francisco Rivera, ni ninguno de los toreros que en solidaridad han mandado fotos similares a las redes sociales harían lo propio con un toro de verdad. Eso sí que sería una irresponsabilidad. Pero no sucede.

El cinismo que nos define vuelve a salir a la palestra en este caso. En este país donde otros padres pueden permitirse el lujo de montar a su hijo o hija en una moto de carreras desde que éste/ésta es capaz de andar, o de atárselo a la espalda y escalar montañas de altura, en las que el oxígeno empieza a escasear, o de ponerlos al volante de un pequeño bólido fabricado para la ocasión. Ningún problema, los medios mostrarán esas imágenes como la forja de un nuevo héroe. Pero ay si se te ocurre sacar a tu hijo/a a torear, ay loco de ti, inconsciente, irresponsable, forjador de asesinos taurinos. Así somos. 

En el otro lado está el problema de la exposición. Esa tendencia de no hacer diferenciación entre nuestra vida pública y privada que se ha adueñado de la sociedad. Esa tendencia que tanto nos está preocupando a los investigadores sociales, sobre las que tantos y tantos proyectos de investigación están tratando. Las personas anónimas, esas que no tienen repercusión en los medios de comunicación, han encontrado la forma de imitar a los famosos mostrando sus vidas mediante las redes sociales. El gran filósofo de los medios Marshal MacLuham se equivocó en cuestiones de tiempo cuando en los sesenta pronosticó que en el futuro todos los ciudadanos tendrían cinco –o quizás fueran quince- minutos de gloria mediática. En el proceso de conversión del individuo occidental en producto, quedaba sin solucionar el tema de la difusión. Las redes han solucionado esa carencia a quien pudiera sentirla. Ahora todos podemos tener en nuestra mano nuestro propio canal multimedia con el que difusionarnos. Es normal que esto subyugue al ciudadano anónimo, es el triunfo del ello. No lo es tanto que también lo haga a aquel que por su notoriedad se protege de los medios, clama por el respeto a su intimidad y, sobre todo, la de los suyos. 

Es comprensible el orgullo de quien realiza en su entorno más íntimo, y con su familia, aquellas acciones que en su casa han sido tradición y cultura. No obstante, si las fotos en cuestión saltan a la escena pública, habrá debate público, eso es incuestionable. Y en ese debate, el cinismo será piedra angular. Hablamos de niños, seguridad y toreo. En definitiva, carnaza para el show.
 
   
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