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  España [ 15/01/2005 ]  
"MATRIMONIOS" ROTOS

Por estas fechas, más o menos, todos los años se producen ingentes cantidad de rupturas entre toreros y apoderados; es decir, la  consumación de la catástrofe de lo que parecían “matrimonios” a perpetuidad. Como diría mi entrañable Rafael Ruiz Boffa, nada nuevo bajo el sol; es decir, en los toros, se produce lo que podríamos llamar el reflejo de la sociedad en que vivimos.

Los matrimonios se rompen, en los toros y en la sociedad, porque todo lo hacemos muy deprisa y, en los toros, como diría El Guerra, las prisas, tienen que ser para los ladrones y para los malos toreros. Y, si analizamos, al parecer, malos toreros los hay a montones; si aplicamos la máxima antes expuesta, todas esas rupturas vienen dadas por la propia torpeza de los individuos que, aún siendo toreros, no saben acertar en sus decisiones más trascendentales que, no son otras que, saber compartir ilusiones con la persona adecuada.

El tema de las rupturas, por manido, no deja de tener vigencia y actualidad; como vemos, raro es el día que no nos desayunamos con la noticia de tal o cual ruptura. ¿Los motivos? Son múltiples. Aquello de la incompatibilidad de caracteres, algo tan socorrido, ya no cuela. Los “matrimonios” entre torero y apoderado, se rompen todo por una sola razón: EL DINERO. Entre estos individuos se conjugan una serie de circunstancias que, primero, el apoderado, con el torero elegido, ha creído encontrar el remedio para todos sus males económicos; más tarde, el torero, al otorgar poderes al representante, queda convencido que, las actuaciones, vendrán solas y, en el mundo del toro, todo eso, no son otras cosas que, un cúmulo de errores en cadena que, al final, como vemos, propician las rupturas que aludimos.

Por razones de edad, lógicamente, el apoderado es más avispado que el poderdante; mientras que, el torero solo piensa en triunfar cada tarde, el apoderado busca la fórmula de conseguir mucho más dinero y, lo que es peor, engordar las facturas de gastos, de ahí que, en demasiadas ocasiones, al final de la temporada, tras haber toreado ochenta corridas de toros, cuando el apoderado presenta la liquidación, la mayoría de los toreros se quedan a cuadros porque, con semejantes emolumentos, apenas pueden comprarse un auto. “Es cuestión de paciencia; todavía no tienes nombre; nos falta un triunfo grande en Madrid; estás en pleno rodaje y, dame las gracias por haberte incluido en los carteles de lujo que tú, ni soñabas antes de conocerme.” Estas y mil frases más son las que, el apoderado esgrime para que le sirvan de consuelo al pobre desdichado que, con ochenta corridas de toros y siete cornadas, al final del año, apenas puede permitirse un liviano lujo.

Se rompen los “matrimonios” entre la torería y sus representantes porque, desdichadamente, priva el dinero y, de forma lamentable, en el mundo del toro, de forma concreta en las grandes ferias, corren ríos de dineros y, al final, el que se juega la vida, salvo las excepciones de rigor, apenas le queda nada; dicen que, el mundo del toro es grandeza y, es cierto, lo que no nos preguntamos es para quien, ¿verdad?

Al final, los toreros, los que son inteligentes y saben de sus verdaderas posibilidades, optan por la solución salomónica del amigo que, caso de José Luís Peralta con Morante de la Puebla, uno firma los contratos, el otro torea y, al llegar al hotel ambos, analizan las cuentas y, de ese modo, no hay malos entendidos; es decir, son amigos y actúan como tales. El uno sabe lo que cobra y, lo que es mejor, el otro sabe lo que gana; algo muy simple, muy sencillo pero que, dentro del mundo de los apoderados, resulta un imposible. Esto que parece muy sencillo, en su día, lo inventó El Cordobés cuando puso de apoderado a José Antonio Insúa que, a la sazón, era familiar y, todo quedaba en casa; luego, lo hizo Paquirri con su cuñado Juan Carlos Beca Belmonte y, semejantes relaciones, no fallaron; ni podían fallar, claro. ¿Será que los toreros no se sienten seguros de si mismos y esa sea la razón por la que necesitan de un apoderado grande para poder torear? Si es así, que no se quejen y, de ser lo contrario, la solución la tienen en sus manos.

 
   
 
   
alejandro tellez lopez 15/01/2005  
 
la ruptura entre natrimonios, asi como la de toreros y apoderados, por miles de razones, se rompen sin durar mucho tiempo, siempre ha sido asi. aquellos que llegan a celebrar sus bodas de oro o de diamantes, son muy pocos, yo diria, esa es la gente inteligente, y madura, que sabe escoger, desde el inicio, con quien unirse.
 
 
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