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Pla Ventura  
  España [ 11/01/2005 ]  
DIARIO DE UN MENDIGO

PROLOGO

    Me pides, querido Pla Ventura, que prologue tu última obra y, en vez de rogarme, me concedes el honor más alto que nunca llegué a imaginar. Es, como el mundo sabe, la tercera vez que engalanas mi alma, mi vida toda, con tu sugerencia a favor de tus lindas obras. Quiero que sepas que, en todos los foros en que me pronuncio, siempre, antepongo la fortuna que la vida me concedió al conocerte. Yo jamás pensé encontrar un hombre como tú. De ti aprendí, Pla Ventura hermano, el valor intrínseco por la amistad. A tu lado, con tus consejos, con tu vieja sabiduría comprendí lo que es vivir con los afectos más bellos. Y todo me lo diste, sólo por el precio de una amistad que jamás tendrá valor cuantificable para lo que entendemos en este mundo como valores materiales.
    Estas líneas que te dedico,  las que terminaré cuando mi corazón me lo dicte, quiero que sean como las comencé, como una carta personal en tu favor. Yo quisiera hablar de tus obras, y lo haré, claro. Pero me subyuga tanto tu persona, tu calidad como amigo, que declinaré toda mi prosa a favor de tu persona. Tú me enseñaste, amigo Pla Ventura, esas sensaciones tan mágicas que sólo pueden ser posibles, gracias a tu amistad y a tu cariño más sincero.
   La vida ha querido que, aún estando tan lejos de tu persona, me sienta como a tu lado. España, tras conocerte, era como ese lugar hermoso enclavado en el Viejo Continente, al que he sabido amar con cariño y afecto, todo, gracias a tu persona. Mi sangre mexicana se subyuga cada vez que pienso en España, es cierto. Nunca pensé que podría existir un ser humano de tus dimensiones tan extraordinarias, al que tantas veces califiqué, con todo acierto, como un artista de las letras.
   Ahora, Pla Ventura admirado, desde la tierra de tu admirada Lola Beltrán, añorando al inenarrable Mario Moreno, pensando en el irrepetible Silverio, leyendo a Juan José Arreola, recordando a Juan Rulfo, y escuchando las canciones del inefable Chente Fernández, te dedico estas líneas que me brotan de lo más hondo de mi alma.
   En su momento, gracias al milagro de nuestra amistad, tuve el honor de prologarte ME DISTRAJO LA VIDA y MI ENCUENTRO CON FACUNDO CABRAL. Fueron, Pla Ventura, dos obras escuetas de contenido, pero bellísimas en el contexto de sus líneas. Y te lo dice alguien que, además de admirarte, ha leído a las grandes plumas de nuestra más linda literatura universal. Ya lo dijo mi admirada Laura Esquivel, aquello de que, las grandes obras de la literatura, suelen tener poquitas páginas. Tú hiciste buena la frase de mi paisana. Con lo que tú escribiste y con lo que dejaste para que pensáramos, tus libros, ambos, fueron irrepetibles. Tú escribes, mi querido Pla Ventura, para que, tus lectores, además de leer, puedan pensar, soñar, amar, sentir, reír, llorar, e incluso ser transportados a un país imaginario como es ese mundo de los sueños en donde nadie, tras leerte, quisiéramos bajar.
    Hoy, desde estas tierras jaliscienses, desde esta Guadalajara que nos pariera al irrepetible Arreola, yo, contenta y dichosa de mi vida, escribo para ti. Ahora, Pla Ventura, en que, como sabes, comienzo a vivir, ya he tenido la suerte de conocer al grandioso Facundo Cabral. ¡Qué fortuna tienes, Pla Ventura, por conocer en persona a tan entrañable personaje¡ Yo si te digo que, MI ENCUENTRO CON FACUNDO CABRAL ha sido, sin lugar a dudas, la obra más bella que jamás habían visto mis ojos. Vuestro encuentro, producto del milagro de tu magia, ha sido un hecho memorable. Cierta es la genialidad de Facundo Cabral, ello es innegable, pero hacía falta, para tan emotiva charla, un contertuliano como tú, todo corazón, todo pureza, que supo desgranar, entre tantas cosas, las más bellas palabras del maestro Cabral, haciéndonos sentir, como antes he dicho, las emociones más inimaginables.
    Ahora, como no podía ser de otro modo, me sorprendes de nuevo. Tengo, entre mis manos, el manuscrito de lo que te ha dado por llamar, EL DIARIO DE UN MENDIGO. Es, ante todo, tu primera novela. Recuerdo, hace ya bastante tiempo, cuando me mandaste aquellas primeras horas de este libro, aquel primer esbozo de lo que es ahora una bellísima realidad. ¿Recuerdas lo que te dije? Seguro que sí. Me subyugaste de tal modo que, le pedía a Dios que te acordaras de mí para prologar esta obra, era mi más grande deseo. Y no es cuestión de vanidades. Sabes bien que, entre nosotros, no caben semejantes dislates. Bastaron, como sabes, seis páginas para que me convencieras por completo y barruntara lo que se me avecinaba con esta obra.
    Tu prosa, Pla Ventura, tiene ese halo de misterio que cautiva. Si ya nos sorprendiste con 30 Años y un día, ahora, EL DIARIO DE UN MENDIGO,  es la narrativa más cruda, más real, más emotiva, más sincera que jamás pude imaginar. Tu mendigo tan particular, ese hombre que, cansado de la vida lujuriosa que ha llevado, cargado de culpas reconocidas, decide dejarlo todo y abandonar para dedicarse a la mendicidad, el lugar que siempre había soñado. Tu sueño, admirado Lucho Pla Ventura, el que todos quisiéramos tener y que muy pocos son capaces de realizar. Gracias a tu imaginación, nos has llevado por ese mundo de realidades que tanto nos han hecho reflexionar. La historia, con Tica y Luis Miguel como personajes centrales de la obra, es de una emotividad que me llegó hasta el alma. Los devenires de todos los personajes de tu obra, tan reales como la misma fantasía que evocas, nos llevan a la reflexión en todos los órdenes de la sociedad. Me quedo, como no podía ser de otro modo, con el romance tierno, dulce, apasionado y tan bello que, más que una novela, nos haces ver la realidad. Tica y Luis Miguel viven una historia de amor tan espléndida, tan rotunda que, entre lágrimas y emociones, discurre el devenir de sus días. Me fascinó, querido Pla Ventura, el relato de lo que es la noche de amor inolvidable entre este hombre y esta dama. Tica, prostituta en las calles de Madrid, encontró en Luis Miguel, el amor de su vida, por tanto, ambos, conocieron la felicidad. Y, por favor, déjame que le otorgue el calificativo de dama a nuestra querida Tica, su profesión, a la que nunca se aferró, la que siempre denostó y que aceptara como única salida a su vida, nunca le impedirá que le podamos dar los más bellos calificativos. Tengo claro, Pla Ventura, que tu novela está basada en un hecho real, algo que tú imaginaste primero, para, más tarde, irte a Madrid y conocer en carne y hueso a tus queridos personajes. Tu ficción, como no podía ser de otro modo, se ajustó a la más cruda realidad. Este es, por tanto, el valor del misterio de tu pluma de que antes te hablara.
     Ahora, amigo mío, ya me pregunto en qué serás capaz de sorprendernos. Seguro que guardas, en el fondo de tu alma, alguna historia tan bella como tus narraciones con que nos obsequias a diario. Lo tuyo, Pla Ventura querido, no es una cuestión de cinco obras como tienes en el mundo, razón inequívoca para haberte ganado, a ley, lo que tú calificas como la inmortalidad a través de la letra impresa. A diario, nos obsequias con las más bellas “sinfonías” escritas con la letra de Cervantes. Parafraseando a Facundo Cabral, permíteme, Pla Ventura, que me haga la siguiente pregunta: ¿Qué hubiera sido de mí de no haberte conocido? Yo misma te respondo. Creo que hubiera sido muy desdichada. Yo tuve la suerte de admirarte y, para fortuna mía, de conocerte, de que me entregaras ese tesoro inmenso que acaudalas, como es tu amistad, algo que compartimos un reducido grupo de personas en el mundo. Contigo aprendí los afectos, la sensibilidad, el cariño, tu ternura tan exquisita y, te lo confieso abiertamente, de haber estado soltero, hubiera luchado por tu amor.
    Me sigue emocionado, Lucho admirado, tu sencillez sin límites. Nunca conocí a nadie igual. Has escrito cinco libros, has vertido tu arte en los cinco continentes, todo ello, gracias a tu pluma genial y, sigues siendo un hombre de condición humilde, algo que explica, por sí sólo, toda  tu grandeza.
     Le pido, amigo Pla Ventura, a mi Virgen de Guadalupe, que te conserve la lucidez que permita tu imaginación tan creativa. Si en España supiste conquistar, en México lograste que te admirásemos. Tuyo es el mérito, de nadie más.
Tuya que te admira.

Coral Mendoza.

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