El destino a veces es cruel y caprichoso. Ahí tenemos el ejemplo de Fernando Cruz que, ilusionado ante su profesión, válido como el primero, constante como ninguno, hasta da la impresión que su apellido es el detonante de su vida; esa cruz que le aplasta, esa fortuna que se aleja y esa suerte que jamás quiso aliarse junto a su persona.

Las muletas esperando. Esperarán, saben que Fernando volverá con más ganas
Fernando Cruz, tras una intensa campaña de preparación, se presentaba en pasado 15 de agosto en las Ventas en lo que era su primera comparecencia en público, bagaje muy pobre; o sea que, primera corrida de la temporada y en Las Ventas, precisamente ante una auténtica corrida de toros, nada de bromas ni de juegos malabares. El toro que le hirió le miraba, le avisaba por ambos pitones y, Fernando, consciente de su realidad sabía que su única salida era jugarse la vida. De haber quedado todo en tablas, a estas horas quizás el propio Cruz estaría pensando en abandonar; no por falta de ganas, si no por la realidad tan triste que le estaba aplastando.
El diestro de Madrid, consciente de todo lo que se jugaba respecto a su destino, como pudimos ver, no dudó en jugarse lo más sagrado, su propia vida. Dos cornadas muy fuertes le llevaron hasta la enfermería. Una vez más, como explico siempre, las cornadas para los sin fortuna. Nos parecerá una coincidencia, pero es la pura realidad; las figuras torean todos los días y, salvo la cornadita que se llevó Sebastián Castella en la feria, nadie ha resultado herido; cornada que, siete días más tarde le permitió reaparecer en el mismo ruedo de Madrid.
Varios días más tarde, Fernando Cruz, sigue internado en la Unidad de Vigilancia Intensiva en el hospital; no era ninguna broma. Su cuerpo, maltrecho y mal herido está soportando con estoicismo la dureza de una profesión complicadísima; esa dureza que, repito, palpan los que no tienen suerte y Fernando Cruz es uno de ellos. ¿Cuál será el futuro de este diestro? Nosotros, desde aquí abogamos para que cambie su signo, si cabe, rezaremos para que este diestro pueda palpar un atisbo de gloria que, por constancia, valía y condiciones muy bien merece. Como vemos, si hablamos de cornadas, ayer mismo, en Madrid, el banderillero Pereira se llevó un cornalón de cuidado. ¿Hacemos una lista de todo los que este año han caído frente a las astas de los toros? Todos, sin distinción, son hombres sin fortuna.
Ánimo, Fernando. Nos han contado que, aunque roto por el dolor sigues ilusionado en reaparecer de nuevo en Madrid; así será y sin duda, con éxito. Un bien y un mal no pueden durar cien años.