Así camina la Fiesta en estos momentos, por caminos opuestos. No es nueva esta aseveración, viene de décadas, de finales del siglo pasado para ser más exacto, pero se hace más visible, palpable y notoria cada día.
Decimos caminos opuestos y ese es el transcurrir del desarrollo de esta fiesta de los toros que en otros tiempos llenó de grandeza los territorios donde se celebraba. Ahora la grandeza se ha traducido en tristeza. No pretendo ser pesimista y mucho menos derrotista, pero sí reflejar una realidad que es visible, si se quiere ver, a los ojos de todos.
Si el toro es el protagonista principal, su presencia, su fuerza, su bravura es en sí mismas la esencia del espectáculo, si se le da la vuelta se camina en dirección opuesta y así se presentan sin fuerza, sin bravura, sin presencia. Todo al revés. La emoción que han de proporcionar con su pelea en la plaza se modifica por conceptos alejados del poder sustituyéndolos todos por el servir.
Servir es el último concepto, el último verbo que se debería conjugar en el enfrentamiento entre toro y torero y, sin embargo, es la base de cuanto hoy se plantea, se comenta, se necesita para adecuarse a la cursilada de fiesta que se ofrece. El simple hecho de conjugarlo es la certificación de la antesala a su desaparición. Tanto como quitarle el gol al fútbol. Si el toro es servil, no es fiero, es tanto como arrancarle las uñas al gato, dejará de tener su principal capacidad.
Opuestos caminos para interesar a los públicos, quienes atraídos por esa lucha desigual que representaba la fiereza del animal contra el valor y la destreza del hombre, ven ahora que se han cambiado los papeles: el toro es el animal a cuidar para que no se muera antes de matarlo, sinónimo de lástima, opuesto al miedo y emoción que ha de representar el vencerle.

¿Es o no opuesta esta imagen a lo que se precisa para regenerar la Fiesta?
Y lo peor de todo, es que lo hacen sin disimulo, sin ver afectada su dignidad. Tanto los que lo ofrecen como los que lo ejecutan para nada se sienten culpables de la palpable desigualdad con las raíces de la Fiesta que supone el enfrentamiento que hacen. Torpes, -aunque ‘listos’- además de ciegos.
Las taquillas se vacían, los públicos se aburren, y da igual que unos cuantos indocumentados les aplaudan, todo eso no genera mayor interés por ir a verles de nuevo. Cada día que pasa hay espectadores de menos, nunca de más. En ni un solo sitio hay mayor demanda la vez siguiente. Necios, -aunque ‘listos’- además de ciegos.
Caminos opuestos por los que maniobran los profesionales de la actividad del toro. ‘Tente mientras cobro’ es la única solución que aporta cada uno de los que viven de esto. Recogen con urgencia las migajas del solar en el que han dejado la otrora grandiosa Fiesta. Y son migajas, por las que se pelean todos y cada uno de ellos, haciendo más esfuerzo en eso que delante del toro.
Sabemos que de nada sirven los avisos, muchos más de tres, que se les dan y se les han dado, solo buscan el camino fácil del indulto a su falta de visión, a su cicatería para con la Fiesta que les precedió y de la que viven. Ese indulto no vendrá de mi mano, no lo merecen. Están todos amonestados y los avisos son para echarles el toro al corral y sufrir la indignidad de su incompetencia para cumplir con su misión.
Por caminos opuestos van sus ideas e intereses con los que exigen el sentido común y los aficionados. Y si los caminos son evidentemente equivocados, se puede sentenciar que así no se va a ninguna parte.