Como ya les comunicaba en el artículo anterior, la ciudadanía de San Sebastián se ha visto en la obligación de crear una plataforma para la defensa de las corridas de toros en la ciudad. La amenaza de que este puede ser el último año de toros en Illumbe ha sido ya lanzada desde el Consistorio que asegura que entre sus planes no está el dar toros en la plaza. Curiosa afirmación. En la línea de esos comportamientos políticos que todos conocemos, y que no establecen diferencias entre unos y otros, el Consistorio asegura que su intención no es la prohibición de las corridas de toros. Simplemente que éstas no deben ser realizadas en la plaza. De hecho ya se ha proyectado el derrumbe de los corrales para la creación de un gimnasio para el equipo de baloncesto.
Es sorprendente como todas las medidas destinadas a la eliminación de la tauromaquia se plantean desde posiciones que en principio pueden parecer fortuitas o casuales pero en el fondo atacan contra los pilares fundamentales del espectáculo, fingiendo no ser ese su objetivo. Una plaza sin corrales ya no es una plaza.
La creación de la Plataforma obedece al temor ciudadano. Vemos peligrar nuestro futuro, pero lo vemos ahora, a corto plazo. Como siempre, y vaya el mea culpa por delante, llegamos con cierto retraso y en esta ocasión ni siquiera nos ha servido ver el mal en la casa ajena para darnos cuenta de una realidad. Pero más vale tarde que nunca.
El tema de las prohibiciones y de los ataques contra los toros funciona siempre de la misma manera. Si ustedes se han fijado, nadie ha atacado directamente, ni ha planteado programas efectivos para tirar por tierra la realización de espectáculos taurinos en plazas como Sevilla, Madrid, Pamplona o Bilbao. No se hace porque son plazas que gozan de buena salud, de aficiones sólidas, de interés en sus programaciones y todo eso hace que la tauromaquia, por muy cuestionada que pueda ser, llegue a defenderse por ella misma. Los ataques más directos se han visto en Barcelona, claro ejemplo de gestión desastrosa, delegada, adocenada, conformista, nada vanguardista y totalmente anómica. Barcelona era ese sitio donde las figuras querían torear porque el toro pesaba menos que en un tentadero y el público lucía ojos rasgados y sonrisas de pulgada y media. San Sebastián no ha sido Barcelona pero poco a poco ha ido degenerando, perdiendo espectáculos, perdiendo público, perdiendo criterio, mermando el toro y ensalzando a las figuras sobre todas las cosas. El resultado ha sido que el público ha bajado mucho y hasta aquí no llegan los turistas de mirada rasgada. Nos hemos debilitado y somos presa fácil.
Por otra parte, se han producido ciertas situaciones incómodas en lo que concierne a la adjudicación del coso. Situaciones que han traído de cabeza a los equipos municipales que en estos años ha habido, y también a los gestores de la plaza. Cada uno tendrá sus razones de actuar y cada cual tendrá que defender lo que considere que le corresponde. Pero de nuevo la gestión pública-administrativa y empresarial vuelve a dejar la fiesta en una situación complicada. Nada tienen que ver los aficionados con los problemas que haya entre la administración local y la empresa concesionaria de la explotación del coso. Y todo parece indicar que las decisiones que vaya a tomar el consistorio sobre el futuro de la plaza de toros pueden ser resultado de esos enfrentamientos. En épocas de crisis el Ayuntamiento se ve en la situación de tener que pagar grandes cantidades de dinero por errores que vienen de gestiones anteriores a su llegada al poder. Eso, obviamente, funciona como una excusa perfecta para un equipo municipal que por ideología aborrece el toreo. Pero la gestión pública es así, las deudas del pasado llegan a equipos que nada tienen que ver ellas. No obstante, que nadie se olvide de una cosa, los verdaderos pagadores de esos errores no son los mandatarios actuales, el dinero de la ciudad no es de ellos, el dinero de la ciudad es nuestro y por tanto el error que en su día pudiera haberse cometido juega contra la ciudadanía, no contra los cargos electos. Ellos nos representan y gestionan nuestro dinero, no nos confundamos. Y con toros o sin toros, la justicia tendrá que seguir su camino y dictar lo haya de suceder en cuanto a la concesión y a las indemnizaciones. Es por tanto normal que la posible desaparición de los toros en Donostia se observe como una venganza que caerá sobre la ciudadanía.