La fiesta brava está volviéndose el chivo expiatorio de moda, principalmente, en los países americanos.
El arrasador tsunami de tendencias ecologistas que está devastando el mundo, es sin duda un buen generador de votos y claro, los politiqueros de escasas ideas y menores capacidades; tienen que aferrarse a algo que redunde en respaldo popular y lo “verde” es una plataforma que viene dando buenos resultados; de ahí que se lo esté usando tanto.
La primera víctima de este explosivo coctel entre ecologismo y política fue Ecuador, con algunas plazas y principalmente con la plaza más importante del país, Quito.
Ese vendaval se ha desplazado hasta Colombia y es que, tristemente nada cunde más rápido que el mal ejemplo.
Es inconcebible que la gente se deje marear por la poliquitería pueblerina de ciertos personajes que, a falta de buenas ideas, de capacidad de liderazgo, de eficiencia en su labor; tienen que apoyarse en lo primero que pueden y para hacerlo, poco les importa el arrasar en el camino, con el respeto a las creencias y aficiones de la gente, esto; sin que importe si se habla de minorías o mayorías.
El romance que existe entre el hombre y el toro se remonta a más de 30 millones de años, como se ha comprobado con la nueva datación hecha de las Cuevas de Altamira y, los “modernísimos verdes” actuales, quieren borrar de un plumazo todos esos millones de años. ¡Que desatino!
Se dice que, la norma principal para una convivencia ideal se basa en el mutuo respeto, pero en este mundo mecanizado, materialista y apresurado, parece ser que ese respeto se confunde con apatía en ciertos casos y con prepotencia en otros, como este; de pretender eliminar las aficiones por votación popular.
Puestos en esa ruta, nos preguntamos: ¿porqué no se hace un referéndum mundial sobre la violencia en todas sus manifestaciones; en los estadios, en las calles, en los hogares etc.,?
Todos estos politiqueros de poca monta que pisotean el respeto y el derecho de sus votantes a tener criterios y aficiones diversos, no tienen los co….nes como para lanzar un referéndum sobre factores que, realmente inciden en el buen vivir y no los tienen porque, no tienen las armas para erradicarlos, porque saben que no lo lograrían ni tan siquiera con un decreto proveniente de la votación popular que los respalde.
Es evidente la profunda y arraigada inmadurez política de ciertos países latinoamericanos. A la hora de presentarse en las urnas, los votantes eligen por estómago o afinidad con la persona, mas no; con los lineamientos políticos que pueda ofrecer y… ¡así estamos!.
Esto se resume en una sola frase; en ciertos países de sur América, se eligen caciques, no mandatarios.
En Colombia las cosas están siempre mejor que en Ecuador por la razón más clara y evidente, Colombia sigue siendo una democracia mientras que Ecuador es una tiranía adornada con una legitimante banda presidencial.