La tan denostada afición madrileña por parte de muchísimos toreros, una vez más, en la pasada feria de San Isidro dio la medida de su autenticidad en todos los órdenes. Si de un triunfador hablamos, éste no es otro que la afición madrileña que, de forma estoica aguantó lo que le quisieron dar que, como pudimos comprobar resultó muy poco. Como diría Alfonso Navalón, hay que tener alma de santo para ser abonado en Madrid.

Sin Madrid... la nada
La práctica totalidad de los toreros, una vez pasado el trago de Madrid se acordarán todos los días de dicha afición que, durante toda la feria llenó la plaza en la práctica totalidad, algo que echarán en falta los toreros puesto que, como vemos a diario, incluidas las grandes figuras del toreo, en las plazas, en vez de aficionados ven cemento por doquier.
Como sabemos, la fiesta está agonizando, herida de muerte y la única tabla de salvación sigue siendo Madrid que, a este paso no tardarán en cansarse; desde luego, si el año que viene hacen un ejercicio de memoria de todo cuanto ha sucedido este año, la hecatombe está sobre la mesa. El drama está servido.
Como he podido saber, algunos toreros han tenido ya sus broncas entre los empresarios. Y es lógico que así suceda; hasta hace poco tiempo todo era un camino de rosas; con el medio toro y la mentira, mientras las plazas se llenaban todos estaban contentos. Ahora, en cualquier feria, tres mil personas en una plaza ya es un éxito y con eso se tienen que arreglar. ¿Dan tres mil personas dinero suficiente para pagarle a todo el mundo y que el empresario gane dinero?
Como explico, por ahí han llegado ya conflictos importantísimos; el torero, genéricamente dicho se hace el loco; dice ser contratado y que no tiene la culpa de que no vaya nadie; el empresario argumenta lo contrario; si no traen gente, ¿cómo pagarles? Y en esos diritambos estamos sumidos.
Como digo, algunos bobos se acordarán ahora de Madrid; sí, esa afición a la que odian cuando en realidad debería de adorarla; han actuado con público, han cobrado y, algunos, para su desdicha, se han dejado ir toros de triunfo. Pero de eso no tiene la culpa el aficionado, más bien todo lo contrario; el aficionado tiene que recibir honores, nunca desprecios que es lo que siempre nos llevamos del taurinismo.
Ahora, cuando la bomba que fabricaron les ha explotado entre sus manos que no se queje nadie puesto que, los aficionados nunca hemos elegido el toro, ni el serrucho, ni nada que se le parezca; siempre hemos pagado un dinero de curso legal para soportar, millones de veces, un espectáculo devaluado y fraudulento. Ahí está el resultado de una nefasta gestión. Como digo, todo se ha sostenido sobre Madrid.
Hemos dicho, a tenor lo visto en Las Ventas, que mejor sería cerrar dicha plaza; sin duda, el cierre de Madrid sería la clausura de la fiesta para siempre. Todo se andará.