S.I.- Cuando el torero sale a la plaza se le suponen varias cosas y entre las más importantes son el valor y las ganas de enfrentarse al toro. Podríamos enumerar el conocimiento, entre otras, pero básicamente las dos primeras son esenciales y se las presuponemos en cuanto los vemos aparecer por el patio de cuadrillas.
De inmediato hay otro factor que nos ha de decir el talante con el que viene: su actitud, su disposición. Viéndolo podemos empezar a adivinar lo que puede suceder. Dependiendo del toro, por supuesto.
Hoy ha sido de esos días donde todo lo hemos visto claro desde un principio. Un novillero madrileño, Gómez del Pilar, nos ha dicho, nos ha voceado, de forma insistente, que venía a por todas y que le prestáramos atención. Factor éste muy importante, pues captar la atención es fundamental antes de que la gente se ponga a comer pipas o a charlar con el de al lado.
Naturalmente que hace falta la materia prima, el toro, pero ya se lleva mucho andado si se han dado las circunstancias descritas. ¿Qué cómo lo ha hecho? muy sencillo, ha ejecutado a la perfección el presente de indicativo del verbo querer: yo hago.

Si de rodillas los recibió en toriles, de rodillas comenzó su faena al primero
A portagayola se fue dispuesto en sus dos novillos, para que se fuera notando a qué venía y después ha ido desgranando suertes a lo largo de toda la tarde, de su actuación, con disposición inequívoca. Lo primero para quien quiere que le toque la lotería es comprar el décimo, la participación, y Gómez del Pilar se había comprado varias, pues a sus manos han ido los dos mejores novillos de la tarde y quizá de la feria. Dice el dicho popular que la suerte es para quien la busca y aquí no había duda de quién la buscaba… y la ha tenido.
Una actuación maciza de cabo a rabo, enseñando a las gentes que existen suertes y repertorio como para no aburrir, tanto con capote como con muleta. Parece una perogrullada, pero el abaniqueo con la muleta, antes tan usado, es la primera vez que aparece por la plaza este año. Algo tan simple y tan sencillo ya no figura en las agendas de los pegapases habituales. De tanto aburrimiento han limitado la variedad en los quites y en los remates, dejando a los espectadores huérfanos de tantas y tan bellas suertes.
Aparecieron las zapopinas, las otrora llamadas por ignorancia lopecinas, llevar galleando por chicuelinas al caballo, y hacía todo el madrileño con tanto gusto y afán que la plaza fue enloqueciendo por momentos. Sus novillos no se cansaban de embestir y él de torear, no siempre bien pero siempre con la disposición citada y añadiendo torería, sintiéndose torero. Eso que no vemos por culpa de tanta mediocridad y limitación en los actuantes. Preguntaba alguno que si lo mejor de la feria y la respuesta es que sí.
Falló con la espada en ambos y lo que podía haber sido apoteósico, quien sabe si de cuatro orejas que le hubieran pedido, pero seguro de puerta grande, se quedó en una, pero que satisfizo a cuantos allí estaban.
La tarde tuvo otros protagonistas, los banderilleros David Adalid en el tercero y Fernando Sánchez en el quinto. De quitarse el sombrero en los tendidos y de quitarse la montera para recibir atronadoras ovaciones los toreros de plata.
Alberto Durán con sus buenas maneras y el peor lote y Damián Castaño con su mucha voluntad con un lote por encima, quedaron eclipsados por la actuación de su compañero y lo reseñado de los subalternos. Sin duda, hoy se han escuchado las mayores ovaciones de la feria en actuaciones de toreros de a pie. Los novillos de Guadaira proporcionaron una gran tarde de las que no se olvidan.
En conjunto ¡¡qué pena que se hayan acabado las novilladas!!