La semana ha acabado como empezó, con un indulto del torero de Chiva. El indulto forma parte ya de los premios que se dan cada tarde en las ferias. Todo son alabanzas en general, pero este no es el camino que nos lleve a recuperar el interés de los públicos.

Un pañuelo naranja necesita la Fiesta con mayúsculas, no un pañuelo para llorar
Al margen de lo que es y debería ser un indulto, sale de ojo que eso no hace que la gente se interese por la fiesta. Es más, muchos son los que estando interesados, al ver esta indultitis se manifiestan en contra, aburridos con la empinada cuesta por la que cae el verdadero interés de la fiesta de los toros.
El lunes en Alicante, con el maestro indultador en el cartel, no se llegaba a los tres cuartos de plaza. Le acompañaba el torero predilecto de la tierra actual, Manzanares, y completaba otro torero local. No llenaron porque no se fomenta la fiesta debidamente. En León este sábado, el mismo maestro indultador, acompañado esta vez, por el mismo Manzanares y también ¡¡ojo!! por dos más: El Fandi, número uno en festejos, y Cayetano número uno mediático, tampoco llenaron. Otra vez buscando los tres cuartos. Cobraron todos?, no cobró sus honorarios enteros ninguno?, ¿fue una ruina para la empresa?.
Seamos serios. Si los indultos sirvieran para levantar el interés, tan cercano el de Alicante, la gente habría vendido el colchón, como antaño, para ver al maestro. Si además venía acompañado por una terna entera que le hacían los coros, se deberían haber pegado por entrar. No se engañen señores triunfalistas del medio toro, del medio toreo y de la media fiesta, sólo hay interés si se anuncia emoción y el riesgo consustancial al enfrentamiento real con un toro. El toro colaborador no interesa a casi nadie. A las pruebas nos remitimos. Sólo José Tomás ofrece algo, -no es este el artículo de análisis de ese tema- que produce interés. En eso el de Chiva, con los indultos incluidos, no es quien redimirá de la desidia a los públicos de la calle.
Se necesita algo más. Se necesita un indulto de verdad a la Fiesta. Indultarla de tanto oportunista que pulula por ahí. Como no es oro todo lo que reluce, o dicen que reluce, no hay manera de levantar cabeza. Eso en ferias consolidadas; fuera de feria el mismo cartel no lleva media plaza. ¿Eso es cuanto pueden ofrecer esos cuatro figuras de León?. ¿Nadie hace autocrítica, un análisis serio de todo esto?.
Se necesita indultar la verdad, la bravura, el toreo auténtico. Eso nos redimirá de la rutina, de la borreguez, de una estupidez galopante que nos pone cada día más cerca de estar contra las cuerdas. La Fiesta, con mayúsculas, necesita un indulto y cuanto antes.
No he presenciado el segundo indulto de la semana, pero sí el primero y afirmo que ese no es el camino. Repito que a las pruebas me remito. Un “éxito” de ese supuesto nivel debería haber llevado a la gente a reventar las taquillas en las siguientes actuaciones de Ponce. Ni una entrada no prevista, nueva, se ha vendido en sus comparecencias. Y no solo en León, ya que en Algeciras, con Castella y Perera llenaron casi dos tercios y en Badajoz, con Juli, Cayetano y Ferrera (otros cuatro en un cartel), otra vez eso de los tres cuartos. Y ninguna plaza es una monumental. ¿Alguien puede llamar a eso el tirón de un triunfador?
Es urgente, yo quiero un indulto para el toro íntegro, el toreo auténtico y para la información veraz; para que cuando algo suceda todos sepan que algo importante sucedió. No hará falta edulcorarlo, lo sabrán, como saben ahora que nada es lo que les cuentan. Mientras las cosas sigan igual, ya lo ven, no pasa nada, la gente sabe perfectamente cuál es el cuento que cuentan. Indultos, sí, pero a la veracidad y la autenticidad.