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  España [ 07/11/2003 ]  
FÁTIMA CÉSPEDES.

 

  El colectivo de inmigrantes que tenemos en IBI está tomando auge y personalidad, por ello, hemos querido conversar con una inmigrante, Fátima Céspedes se llama y vive encantada junto a nosotros. Por lo que me ha contado esta muchacha, es un orgullo sabernos ibenses puesto que, Fátima, se ha desvivido en elogios hacia nuestro pueblo y sus gentes. De la solidaridad de IBI hacia los que han venido de fuera, ello es una realidad palpable puesto que, hace más de cuarenta años que vinieron los primeros inmigrantes y, al paso de los años, los nativos de Ibi les han hecho como suyos. Ahora, una vez más, IBI está dando la talla al acoger a los nuevos inmigrantes; éstos venidos un poco más allá de nuestras fronteras, pero hijos de Dios al fin y al cabo.

-         Me contabas, Fátima que viniste desde tierras bolivianas, muy cerquita de LA PAZ allí donde vivías pero que, la paz, como tal, apenas existía. ¿Cuál fue la primera razón que te ilusionó para venirte a España y, a IBI, de forma concreta?

-         Soy madre de dos lindos hijos y, en mi país, desdichadamente, no veía futuro ni horizonte para el devenir de mis retoños. Soy mujer de grandes ilusiones y, cuando menos, de crear para mi misma los más grandes sueños y, España, era uno de ellos. Gracias a Dios aquí estoy. Mi primer sueño, como le digo, ya está cumplido.

-         Me contabas, Fátima, que primero, cuando viniste de Bolivia, llegaste a Suiza, país próspero de nuestra Europa. ¿Qué pasó para que no recalaras para siempre en Suiza?

-         Mire, señor, yo allí estaba muy bien; me trataron de forma maravillosa pero, ¿cómo se lo explico? Como casi todos los inmigrantes de Hispanoamérica, era España mi sueño y, aún estando allí bien atendida, soñaba con ustedes, los españoles. Total que, en cuantito pude, regresé a Bolivia, cogí mis niños y, me vine para estar con ustedes.

-         Me haces recordar, Fátima, cuando la generación de mis padres se marchaban a Europa y hasta incluso en África para buscarse el pan. ¿Qué siente uno cuando lo deja todo para encontrarse con la nada?

-         Se necesita, señor, una fuerza interior muy grande; de lo contrario nadie dejaría a los suyos para irse en busca de la aventura. Yo era, dentro de todo, una afortunada porque, con el dinero que gané en los años que estuve en Suiza, me compré una casita que, como entenderá, tuve que dejar. Yo hubiera podido seguir unos años más en Suiza y, con los dólares que allí ganaba, haberme forjado un sencillo porvenir en mi país; pero mis hijos, la fuerza que me irradian en mi corazón, pudo más que todo; es por ellos por lo que decidí dar el gran paso. Yo entendía que, con todo el dolor de mi corazón, el futuro, en mi país, no era el que yo anhelaba para mis hijos. Por ellos, sólo por ellos di el gran paso en mi vida, como era venirme a España.

-         Quiero adivinar que, cuando estabas en Suiza no tenías a tus hijos. ¿Es así?

-         Dice usted muy bien. Allí tuve que irme solita. Mi meta era trabajar, ganar dólares para poder mandárselos a ellos. Y, como le digo, en cuanto me fue posible, regresé a Bolivia, cogí a mis hijos y, aquí estoy, conversando con usted.

-         Me pongo en tu piel y, querida Fátima, me temo que se necesita un corazón a prueba de bombas porque, sólo de pensar en la incertidumbre de lo desconocido, eso, me temo debe ser motivo de una gran preocupación, ¿ verdad?

-         Si, señor, esa es la sensación que tuve cuando llegué a Suiza; a Dios gracias, en España, ha sido todo distinto. Tuve la suerte que me recibiera entre ustedes, en IBI, una hermanita mia que ya trabajaba aquí y, estaba feliz; ella me contagió de su ánimo, de su felicidad y, venir a España, de forma concreta para estar entre ustedes, dentro de todas las limitaciones, fue todo un éxito, una felicidad muy grande.

-         ¿Qué sentiste la primera vez que pisaste esta tierra?

-         Paz, mucha paz. Me acogió, como le digo, mi querida hermanita pero, notaba que había acertado en mi decisión. La gente me sonreía cuando les saludaba y, esa primera sensación, me pareció fantástica; en muy poco tiempo entendí que este era el lugar que yo había soñado.

-         Me temo, Fátima que, como todos los inmigrantes, viniste sin “papeles” y con toneladas de ilusión como equipaje. El riesgo de la ilegalidad sabías que lo corrías. ¿No te preocupaba esta situación?

-         Claro, como responsable que soy, tenía clara mi situación como inmigrante ilegal; como casi todos, pero con la confianza de que, al paso del tiempo y con la ayuda de Dios, pronto tendré mis papeles en regla y podré sentirme tan española como ustedes. Yo prefería comer siendo ilegal que, morirme de hambre de forma legal, ¿lo entiende usted?

-         Con esa claridad que hablas, Fátima, te entiende todo el mundo. ¿Cuál fue el primer trabajo que desempeñaste en IBI?

-         El que sigo teniendo; aunque tengo varios, es la verdad. No puedo quejarme. Soy una afortunada entre todos ustedes. En IBI me dieron la oportunidad de ganarme la vida de forma honrada, de poder criar y educar a mis hijos con dignidad. Cuido a una persona enferma, trabajo en una fábrica y limpio casas donde me llamen; no me importa el tipo de trabajo que tengo que realizar, todo me vale. Saber que con mi trabajo tengo la neverita llena y mis hijos tienen sus libros, sus estudios y van vestiditos con decencia, con ello me basta y me sobra.

-         ¿De donde sacas tanta fuerza con ese cuerpo menudito?

-         Uno llega hasta donde quiera llegar, no sin antes, claro, pasar por todas las vicisitudes que te entregue la vida; pero lo importante es no desfallecer. No puedo caer derrotada; por nada del mundo; no puedo despreciar ningún trabajo porque, todo lo que sea a través de la honradez, para mi, todo es válido y maravilloso. Nunca pedí nada; hay gente que se conforma con ser ciruja;  – mendigo- yo aspiro a mucho más.

-         Me contabas que te han ayudado algunas personas en IBI. ¿Qué sientes ante esto?

-         Una gratitud infinita, por supuesto. Y he tratado de darles a los que me han ayudado, mucho más de lo que he recibido. Tengo, señor, un sentido por la dignidad muy elevado. Estoy feliz, usted lo está comprobando, en todo lo que le digo; por muchas razones, por lo que me han ayudado y por el buen trato que me dan allí donde estoy; pero mi dicha mayor es poder ganarme la vida con el trabajo; no me importan los horas ni la clase de trabajo, lo realmente importante es que, con mi esfuerzo, mis hijos sonríen y, como diría Cantinflas, me gusta que mis hijos se rían; pero ríen mejor después de haber comido.

-         Se habla, en estos tiempos, de que algunas gentes sienten racismo sobre ustedes, los venidos de allende, ¿notaste tú, en tu persona, algún brote de desprecio por ser extranjera?

-         Sinceramente, no. Como le digo, y si usted me ha escogido como representante de los inmigrantes que hemos venido de fuera, si tengo que hablar en nombre de todos, algo que resulta complicado porque cada personita es un mundo, le diría que me han tratado como una reina, expresión muy de ustedes y que yo hago mia.

-         ¿Cómo es un día de tu vida?

-         Mire usted, señor, cada día, al ver salir el sol entre ustedes, eso, para mi, es la mejor de las noticias de mi vida. Madrugo mucho para dejarme organizada la casa; todo muy limpio y ordenado; llevo a mis hijos al colegio y, rapidita, al trabajo; regreso a la hora de la comida y, en la tarde, otra bendita sesión de trabajo. Estoy dichosa. Tengo lo que siempre soñé y, esa felicidad, se la debo a ustedes.

-         Al escucharte, Fátima, cualquiera podría pensar que ya eres rica entre nosotros. Y lo digo porque, con el convencimiento y la fe que te explicas, eso da mucho que pensar. ¿Qué es para ti la riqueza?

-         Soy inmensamente rica sin ninguna posesión de tipo material; vivo de alquiler, como otros tantos de mis compañeros inmigrantes y, tengo la básico y elemental para vivir; lo demás, me sobra. Mi riqueza viene dada por mi salud, por la de mis hijos y por el trabajo que me permite vivir con la dignidad que siempre soñé.

-         Y, los fines de semana, como muchachita joven que eres, ¿no piensas en divertirte?

-         Mi mejor diversión es ver a mis hijos felices, salir a pasear con ellos y comprobar que nada de lo elemental les falta. Esa es la forma que tengo para divertirme, ¿le parece poco?

-         Estamos conversando, Fátima, para un medio de comunicación que se edita en IBI pero que, a través de la magia de Internet, nos pueden leer en todo el mundo. ¿Quieres añadir algo más?

-         Si, que tiene que darme usted la dirección del medio para que, mis familiares de Bolivia, gracias a ustedes, puedan comprobar lo feliz que estoy en España, de forma concreta en este Ibi acogedor y maravilloso. Mil gracias a todos los que me han ayudado y mi gratitud para todos los que, desde el primer día, me regalaron su sonrisa.

 

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