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Pla Ventura  
  España [ 20/05/2007 ]  
LAS CONFESIONES DE PLA VENTURA

Estudio periodismo y, soy trabajadora a su vez; una difícil resolución se da cita en mi vida pero, es lo que en verdad siento; no me importa todo el sacrificio que tenga que llevar a cabo pero, mi meta es la que he dicho y, como tal, nadie me la podrá arrebatar. Ahora, los estudiantes de periodismo lo tenemos todo mucho más sencillo; buceas por Internet y te encuentras con páginas insospechadas y, ese ha sido mi caso. Hace unos meses, abatida por mi propia vida, buscando en la gran ventana del mundo, me encontré con una página admirable; yo diría que con tintes de milagro puesto que, todo lo que allí he visto escrito, rezuma ternura hasta los límites de lo increíble. Se trata del HOMENAJE A FACUNDO CABRAL, una página Web que, como he podido saber, ha sido creada por Luís Pla Ventura y su equipo; por cierto, un conjunto de personas que, admiradoras del maestro Cabral, no han dudado un instante en plasmar la intensa filosofía del maestro que, como digo, me tiene cautivada; nunca creí que pudiera existir un tipo como Cabral; un armonizador, un predicador, un sabio de la vida que, sus mejores logros no son otros que, concienciar a la gente de que, la vida, en su conjunto, es un bello milagro, el cual, tenemos la sagrada obligación de gozarla cada día, en cada amanecer.

Tras todo lo explicado, en la redacción donde hago mis prácticas, me pidieron que entrevistara a un personaje y, les juro que, me hubiera encantado poder acercarme a Facundo Cabral; no lo he logrado pero, a su vez, me queda la dicha de entrevistar, sin duda alguna, a la persona que más sabe de su obra; él no es otro que Pla Ventura.

-Me han contado, señor Pla Ventura que tiene usted una empresa de mantenimientos, que ha escrito ocho libros, que es crítico taurino y, como usted dice, apenas fue a la escuela. Por todo lo que he visto en sus páginas, ha llegado usted muy lejos. ¿Dónde radica el secreto de su éxito?

No existe éxito alguno; es más, el hombre inteligente no espera la suerte, la provoca a través del trabajo y, esa ha sido mi forma de caminar por la vida. Me temo que, habla usted del éxito con el ánimo preconcebido en torno al reconocimiento de toda una multitud hacia una persona determinada. Yo soy más común y corriente que todo eso; para mí, el éxito, es estar uno en lo que de verdad ama y, le juro que, todo lo que hago, lo amo con todas mis fuerzas.

-Si usted me lo permite, en mi humildad, me quedo sorprendida en torno a la cantidad de logros importantes que usted ha tenido en su vida. ¿Qué le queda por hacer?

Todo, absolutamente todo. Fíjese que, como diría Lauren Robert, el hombre público es un personaje que cree saberlo todo y, en realidad, no sabe nada. Yo jamás creí saberlo todo; pero si tengo la certeza, como le digo, de no saber nada. Sigo siendo un discípulo de la vida que, aunque muriera a los noventa años, apenas dejaría ninguna huella en el mundo.

-Me cautiva su humildad o, será quizás que, desde mi atalaya en donde intento aprender un poco más cada día, usted, como tantos hombres y mujeres, son el referente de mi existencia. Habla usted con extremada humildad y, según he podido saber, hasta su persona inspiró a un maestro para escribirle un pasodoble torero. ¿No es ese un logro fantástico que pocos mortales pueden esgrimir ante el mundo?

No crea. Se trata de una prueba de un cariño desmesurado que, el maestro Vicente Ivorra Pujalte, tras tantos años de amistad, tuvo a bien regalarme. Es verdad que, como prueba de cariño, lo acepto y lo admito con todo orgullo.

-Hemos hablado de su pasodoble torero y, he visto que colabora usted en una página de toros realmente interesantísima. Opinionytoros.com es su título y, en la misma, por todo lo que he leído, desgrana usted toda su ciencia taurómaca. ¿De verdad cree usted que existe un atisbo de arte en una fiesta en que, a diario, se sacrifica un animal?

-Claro. Dudar de ello es una falacia. Pero es que, además, recuerde que, un hombre, en el desafío a la fiera, asumiendo el riesgo de jugarse su vida, con una muleta, intenta plasmar la obra bella que, si se fija, se da cita muchas tardes. Se trata de un efecto de la plasticidad que entraña que, un hombre, con un trapo como defensa, burle al toro y, a su vez, en el mismo compás, vaya creando suertes bellas que, como ocurre, desgarran las gargantas de los aficionados con sus vítores cuando aclaman al diestro.

-En sus datos biográficos aparecen sus libros y, según reza su historia, ha escrito usted ocho libros. Entrevista, ensayo, novela; veo que ha abordado usted todos los géneros. ¿Qué materia le costó más por escribir?

Sin duda alguna, EL DIARIO  DE UN MENDIGO. Se trata de mi única novela y, en la misma, puse toda mi ilusión, mi cariño; incluso mi sentido apasionado por la vida puesto que, en su día, un mendigo me inspiró tal relato. Pero deje que le diga que, mis libros, como diría mi admirado amigo José Luís Moreno Manzanaro, son tan chiquitos que, se devoran en una pre-siesta; digamos que son historia tan sencillas que, digerirlas, es algo muy sencillo; en realidad, mi vida no es otra cosa que un monumento a la sencillez; jamás  hubiera aspirado a otros logros.

-En un gesto de absoluta generosidad por su parte, con la finalidad de ayudarme, me regaló usted varios de sus libros y, la sencillez de la que usted habla, es la que de verdad me impactó; habla usted de la vida, de la bondad, de su madre, de la humanidad y,  a cualquier materia, le encuentra usted su lado positivo. ¿De verdad es usted como se retrata en sus libros?

En cuanto a mis confesiones internas, por supuesto que sí. Es decir, cuando hablo de mi madre, de mi padre o de mis amigos, lo hago bajo los efluvios de mi corazón; tampoco se podría de otra manera, claro. Luego, como todo escritor, puedo novelar aquello que sueño que, no necesariamente tiene que ver con lo que siento o hago, aunque muchas veces coincida.

-¿Qué se siente cuando se termina de escribir un libro; en su caso, qué sintió cuando terminó EL DIARIO DE UN MENGIDO?

Le aseguro que, una paz infinita; una sensación extraña como que has terminado algo que soñabas y que, desde dicho instante, empieza a tener vida; al mismo tiempo, cuando lo repasas, empiezas por encontrar errores, insatisfacciones personales y, te quedas con el deseo de, en el próximo, hacerlo mejor.

-En los tiempos que vivimos, resulta casi anecdótico que me atreva a preguntarle lo siguiente. ¿Cree usted en Dios?

Por supuesto. Pero mire una cosa; las creencias son patrimonio de la fe y, si no se tiene fe, uno no puede creer en nada. Para mí, cada día, el hecho de ver amanecer es un puro milagro y lo es tal magnitud que, el hombre, todavía no ha logrado nada tan bello. Creo en Dios porque, su generosidad, está por encima de todos los hombres. Fíjese si Dios es generoso que, nos regala, a diario, la luz, el sol, el aire que respiramos, la lluvia que nos moja, los ríos, los mares, los animales, las plantas, la luna y, para mayor dicha, la salud. ¿No son esos motivos más que suficientes para seguir creyendo en un ser sobrenatural que está por encima de todos nosotros?

-¿Qué admiraba usted de sus padres?

-Su tremenda bondad; para mi fueron el faro, el norte de mi vida; como lo serían cualquiera de los padres de este mundo. Recuerdo que, de pequeño, mi madre me cuidaba en una cuna de paja; no teníamos más y, por esa bendita razón, tampoco lo añorábamos; vivía junto a nosotros la alegría y, como comprenderá, teníamos el tesoro más grande que pudiera existir dentro de una familia.

-Si no recuerdo mal, usted nació en los primeros años de la década de los cincuenta, ¿quiere eso decir que, de niño, todavía pudo sentir usted las estrecheces por las que pasaba España?

-Claro; lo recuerdo perfectamente. Estábamos en los últimos años de la posguerra y, los días, en España, eran difíciles. No teníamos frigorífico y, la gran verdad es que, de haberlo tenido, no se que función le hubiéramos dado porque, nada teníamos que poner dentro; no teníamos TV; ni tampoco teléfono que, como dije de la nevera, tampoco lo necesitábamos porque, no teníamos a nadie a quien llamar. Pero quiero que sepa una cosa, nada de todo esto lo recuerdo con amargura; más bien, todo lo contrario, con la mayor alegría puesto que, en aquellos años, nada material logró distraernos de la felicidad que gozábamos. Hacíamos cola en Abastos para recoger la leche que nos tenían asignada, una leche en polvo que, gracias a la generosidad de Argentina, con ella, pudimos alimentarnos en cierta medida.

-Pasados los años, tras todo lo que he leído en su inmenso archivo de Internet, amén de sus libros, me atrevo a preguntarle ¿es usted rico o pobre?

-Mire usted; si lo de rico le damos la acepción por aquello de la acumulación de cosas materiales, le diré que soy pobre; como le digo que, en bienes terrenos, no fui rico porque nunca me lo propuse; y no lo digo con jactancia, sino con toda la humildad del mundo. Ahora bien, si la riqueza la atribuimos a la grandeza de nuestra espiritualidad, en ello, soy inmensamente rico. Es, a no dudar, la gran herencia que me legó mi señora madre, algo de lo que me siento muy dichoso. Ahora, si me lo permite, parafraseo a Cabral y le digo que, a Soledad Ventura, la elegí como madre por la misma razón por la que Dios la eligió como hija.

-Oiga, Pla; ¿ ha llorado usted alguna vez?

-Si. Muchísimas veces; unas de emoción, otras de pena y, en algunas ocasiones, de alegría que, por supuesto, también se puede llorar. Mire que, en ocasiones, quise ser fuerte para contener las lágrimas y, la emoción me venció. Recuerdo el día que se llevó Dios el cuerpo de mi madre, aquel día, mi cuerpo se desgarró por el llanto; otro tanto me pasó este año, aquel 17 de marzo pasado en que mi padre se mudó a un mundo mejor, una vez más, un nudo en la garganta provocó mis lágrimas; lloré el día que ví por vez primera a Cabral que, de tanta alegría, se me deslizaron unas lágrimas por mis mejillas; cuando nacieron mis hijos, cuando edité mi primer libro; qué se yo, innumerables ocasiones he tenido para el llanto.

-Usted, por todo lo que he ido descubriendo ha conocido a gente muy famosa e importante. ¿Cómo son esas personas que vemos por la TV y los tenemos como figuras míticas, casi intocables?

-Si lo de importante lo dice usted por el llamado famoseo, deje que le diga que, famoso, por aquello de la TV, lo puede ser cualquiera; ejemplos los tenemos en tropel. Cualquier estúpido, por un lance del destino, ha llegado a ser famosísimo; ahora bien, lo que se dice gente importante gracias al trabajo que han realizado, esos suelen ser como usted y como yo; en Matías Prats tengo el ejemplo que, gracias a su talento, llegó muy lejos en el periodismo y, como le cuento, era un ser entrañable al alcance de cualquiera que, para mi dicha, se jactaba de ser mi amigo. Entre otros, Facundo Cabral, ídolo admirado en todo el mundo y, si usted le tratara, seguro que se enamoraba de él por su humildad y su tremendo carisma a favor de todos sus hermanos en el mundo.

-A propósito, ha nombrado usted a Cabral y, eso quería preguntarle, ¿qué supuso para usted haber conocido y tratado al maestro argentino?

-Una dicha muy grande, hasta el punto de que, tras conocerle, amarle, sentirle y conocer toda su obra, le puedo asegurar que, cambió el curso de mi vida; como lo ha cambiado en el mundo a millones de personas. Sepa usted que, la magia de Cabral alcanza a todo y a todos; recuerde aquella señora que tenía decidido abortar al niño que llevaba en sus entrañas y, un par de meses antes de que naciera el niño, se le ocurrió ver un concierto de Cabral y, a la salida, como prisionera de un resorte mágico, decidió tener el niño y, para colmo, cuando nació le puso Facundito.

-Dicen – y por lo que he visto debe ser cierto- que es usted el hombre que mejor conoce la vida y obra de Cabral. ¿Qué le incitó a conocer con semejante profundidad la vida y obra de Facundo Cabral?

-Su obra. No existe otro motivo; su convencimiento, sus canciones, sus oraciones, sus libros, sus pensamientos; su personal forma de entender la vida es lo que me subyugó por completo y, a partir de ese momento, no tuve reparo en indagar, en buscar, leer, saber, comprender y amar toda su obra puesto que, en realidad, Cabral nos dejará un tesoro inmenso el día de su partida. Como diría el editor de su película, Ramier Ayala, Cabral, a diario, refresca mi alma. Fíjese que, le conocí en Madrid, como tantas veces he confesado y, aquella mágica noche, decidí ir a saludarlo al camerino y, le aseguro que, me lo pensé dos veces antes de entrar; tras verle actuar, tenía reparo en saludarle porque, ¿sabe una cosa? Yo temía que el maestro pudiera estar pensando algo extraordinario y pudiera distraerle; pero me armé de valor y, entré a saludarle y, le aseguro que conocí un persona diferente, mágico y único. Yo, de forma humilde, me he ocupado de Facundo y, Cabral, mucho antes, se ocupó de Juan Rulfo, de Borges, de Octavio Paz y de todos cuantos él admiraba. Es una cuestión de principios y de puras convicciones, no cabe más.

-Y tras empezar a conocer su obra, el final, como el mundo sabe, ha creado usted esa maravillosa página Web a la que todos conocemos como HOMENAJE A FACUNDO CABRAL. ¿Cómo tuvo usted esa idea tan genial?

-Le cuento que, el pasado año, Facundo Cabral vino a España a un programa de TV y, me concedió el honor de actuar en IBI y, en mi ciudad, nos extasió a todos y, dentro de mi ser, al respecto del maestro y su grandeza, anidaban muchas cosas, entre ellas, ese libro que me pidió el Ayuntamiento de IBI al que le bautizamos como LA MAGIA DE CABRAL. Pero le aseguro que, la conmoción que Cabral propició en el corazón de cuantos fueron al teatro resultó ser tan grande que, quedamos todos anonadados. Tal evento lo comentaba yo con una amiga del alma llamada Ingrid Matta, una muchachita colombiana excepcional que, ante todo, conoce mucho mejor que yo la obra de Facundo y, fue ella, Ingrid, la que me sugirió la bellísima idea de la página que usted me ha citado. Siguiendo sus consejos, sus directrices, hemos podido llegar hasta donde hemos llegado. Jamás podré pagarle a Ingrid tanta generosidad por su parte puesto que, sin ella, mis ilusiones, al respecto, quizás hubieran muerto antes de empezar.

-Yo estoy dando mis primeros pasos en el periodismo y, al ver todo lo que usted ha sido capaz de hacer, me quedo perpleja. ¿Cómo un crítico taurino, como usted se denomina, puede tener esa sensibilidad que usted nos muestra cada día?

-Señorita que, los críticos taurinos, pese a todo lo que puedan pensar los detractores de nuestra maravillosa fiesta taurina, somos personas de carne y hueso con las mismas sensibilidades y emociones que cualquier mortal. Joaquín Vidal, como crítico taurino, demostró ser un  tipo sensacional y admirable; fíjese si Vidal era grande que, miles de personas, no aficionados a los toros, compraban su diario para leerle.

-¿Qué personaje de la historia le ha marcado para siempre?

-Sin duda alguna, Jesucristo; pero como quiera que, quizás suene muy pretencioso, me quedo con La Madre Teresa. Para mí, en el siglo pasado, no ha existido una persona igual; fíjese que, se tuvo que enfrentar hasta con la propia Iglesia para poder seguir haciendo el bien; tremendo, pero muy cierto.

-¿ A quién o qué se llevaría usted consigo a una isla desierta?

-Posiblemente, si eso decidiera, me iría solo; sería la señal inequívoca de que, me marcharía para encontrarme conmigo mismo y, por esa razón, la soledad y algunos libros serían mis más fieles aliados.

-¿Se considera usted machista?

-De ninguna manera. En nuestra sociedad, tenemos cabida todos y, todos, sin distinción, debemos de gozar de iguales derechos y obligaciones. Fíjese que, admiro a la mujer como tal puesto que, algunas, en su grandeza, hasta quieren ser toreros. Creo en el ser humano como tal que, en definitiva, creo que es la mejor de las convicciones.

-¿Qué prefiere, el amor o el sexo?

-Pienso que, el sexo, rociado de todo el amor del mundo debe ser el placer más subyugante para cualquier mortal.

-Si mañana, cuando su cuerpo se reencarne, si nace mujer, ¿quién le gustaría ser?

-Si tengo que elegir una figura mítica, sin duda alguna, LA MADRE TERESA y, si se me autoriza quedarme más cercano, me quedo con Soledad Ventura, una señora maravillosa que, para dicha mía, era mi madre.

-Intuyo que cuida usted mucho de sus amigos pero, ¿qué pasa con sus enemigos?

-A mis enemigos, como diría María Angélica Bosco, les diría que, el odio es un medio, pero el amor es un camino. Fíjese que, en un gesto de soberbia, si usted me lo permite, deje que le diga que, mis enemigos, con toda seguridad, no conocen a Cabral, si le conocieran, con toda seguridad, no serían mis enemigos; ni de nadie, por supuesto. Tengo claro que, en la vida, desdichadamente, sigue habiendo gente tan desdichada que no han conocido el camino del amor, por esa razón, como diría el propio Facundo Cabral, si los malos supieran qué buen negocio ser bueno, serían buenos aunque fuera por negocio.

-¿Qué prefiere, el día o la noche?

-Depende. Me fascina la claridad del día puesto que, la noche, suele ser muy oscura como su definición implica y, desdichadamente, al ponerse el sol, se dan cita demasiadas cosas inmorales que, honradamente, no me gustan para nada. Claro que, es mi opinión; cada cual puede hacer lo que crea más conveniente. Le decía que todo depende puesto que, si me quedo a escribir, por supuesto que la noche es el estado emocional más lindo para narrar.

-Usted, Pla Ventura, para mi, es todo un ejemplo por su capacidad que tiene para llevar a cabo tantas cosas bellas y, sin embargo, en su vida laboral, usted trabaja doce horas diarias. Lo suyo, si así me lo permite, tiene tintes de misterio. ¿Cómo se puede tener ese horario laboral del que usted dice y, además, llevar a cabo su tarea literaria y de periodismo?

-Cuestión de prioridades y, ante todo, de saber aprovechar todos los minutos de mi existencia. El tiempo es el gran tesoro que tenemos y, algunos, de forma inconsciente lo desperdician para, más tarde, cuando éste ha pasado vivir llenos de lamentos. Deje que le confiese que, en casa, mis padres, me enseñaron que, el único camino para lograr lo que uno anhela es el trabajo. Pero, para mayor dicha, como antes le decía, hago lo que amo y, de tal manera, mi vida es mucho más placentera que la de millones de personas que, al estar en lo que no aman, viven muy desdichados.

-Ahora mismo, un problema que nos inquieta a toda la sociedad es el mundo marginal de los inmigrantes que, a diario, llegan a nuestras costas en pateras o cayucos. ¿Qué piensa usted de semejante contrariedad?

-Voy mucho más allá de la gravedad del problema y, al pensar cómo deben de estar en sus países para jugarse la vida para venirse a España, es entonces cuando me derrota la tristeza. Fíjese en qué sociedad vivimos, de forma genérica le digo en que, en el mundo, existe riqueza más que suficiente para abastecer dos mundos como el que tenemos y, millones de seres humanos se mueren de hambre y de miseria. Son muchos los africanos que, convencidos de que el remedio de sus males se llama España, no dudan en jugarse la vida por venir; como vendrían los indios Quechuas de Argentina su les fuera sencillo venirse.


-¿Recuerda el primer libro que leyó?

-Por supuesto, Para mí, aquel día, resultó ser inolvidable. Tenía yo veinticinco años y, con un dinero que había podido guardar, le dije a mi padre que quería comprar un libro y estando juntos en la feria del libro de Murcia, en aquel instante compré MIS AMIGOS MUERTOS, de Juan Ignacio Luca de Tena. Le puedo decir que, aquella emoción, para mí resultó ser inolvidable. Me pasé toda la noche en vela, me lo leí de un tirón que solemos decir y, a partir de aquel momento, mi felicidad, eran los libros.

-O sea que, según se explica, estuvo usted los primeros cinco lustros de su existencia, sin haber visto jamás un libro. Me temo que, en la escuela si los había visto, ¿verdad?

-Apenas nada porque, de la escuela, recuerdo aquella enciclopedia Álvarez de segundo grado que, un mismo libro, nos lo íbamos pasando unos a otros porque, las cincuenta pesetas que valía nuevo, era una utopía tenerlas y comprarlo. Una vez más, parafraseando al maestro, acudí cuatro años a la escuela pero, apenas entré.

-¿Ha hecho usted algo de lo que más tarde se haya arrepentido?

-No pesa sobre mi cuerpo ninguna cruz al respecto. Es cierto que, a veces, por querer ayudar más de lo debido, me he equivocado y, luego, para colmo, lo he pagado muy caro; pero son razonamientos de mis semejantes; de mi parte, nada tengo que reprocharme.

-¿Mentiría o ha mentido alguna vez en beneficio propio o con ánimo de lucro?

-Jamás. He dicho, como todo el mundo mentiras de las llamadas piadosas, de las que no tienen trascendencia y, en un momento determinado, con ellas, he evitado algún que otro conflicto pero, mentir para la maldad, eso jamás.

-¿Qué haría si le dieran que le quedan dos meses de vida?

-Ante todo, darle gracias a Dios por haberme dado tanta dicha como llevo acumulada y, como hiciera el inolvidable Juan Antonio Vallejo Nájera que, se encontró con la situación que usted me indica, seguiría dándole gracias al Altísimo y, en ese plazo de tiempo, ordenaría mis cosas, me despediría de todos mis amigos y, con una sonrisa en mis labios les diría ¡¡¡GRACIAS¡¡¡ por haberme querido tanto.

-Sigamos en la tierra, ¿cómo ve usted el futuro?

-No tengo dotes de profeta pero, es más, el futuro, si usted lo analiza, no existe. El pasado ya se marchó y, el futuro está por venir, por esa razón, Facundo Cabral definió la situación con más verdad que nadie puesto que, en su día dijo: “Vive el presente porque es la única estación en donde pasarás el resto de tu vida” y, no creo que exista nada más cierto.

-¿Cree usted en la amistad?

-Por supuesto y pese a todo. Recuerde que, una bomba destruye muchas cosas pero, gracias a la amistad y el cariño, en el mundo, seguimos construyendo al vida. Piense que, un amigo, es el que llega cuando los demás se han marchado y, esa situación, para fortuna mía, la he vivido muchas veces.

-Imagino que usted será el ejemplo para muchas personas, ¿verdad?

-Honradamente, no tengo aptitudes ni méritos para que nadie me siga; voy haciendo mi camino y, si en el mismo, encuentro personas afines con mi forma de ser y sentir, lógicamente, me siento muy dichoso. Piense que, ejemplos para la sociedad en que vivimos lo fueron Martín Lutero King, La Madre Teresa, Vicente Ferrer, Gandhi, el doctor Fléming, el propio Facundo Cabral y, a su vez, innumerables personas que, en el devenir de su existencia, dejaron un calado hermoso como referencia de lo que debe ser un ser humano.

-Para terminar, ¿es usted feliz?

-Dentro de lo que la vida me permite, soy muy feliz; podía serlo más pero, esa ilusión es la que quizás me mantiene vivo; a mi y al resto de la humanidad.

Carmen Martínez.

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