La Asociación Cultural “La encerrona” de Ampuero, Cantabria, me hizo el honor de invitarme, el sábado pasado, a exponer una conferencia en sus jornadas culturales. Ampuero es un pueblo pequeño y bonito, rodeado de montes y valles pero muy cercano a las playas cántabras; un pueblo donde se vive con verdadera pasión todo lo que tenga que ver con el toro y con los juegos que éste comporta. Ampuero es famoso por sus encierros y por las novilladas que en septiembre se celebran en la plaza de toros. Se trata de una placita blanca y roja, de esas que guarda el encanto de los cosos toros de de los pueblos - en aquellos casos en los que tienen la suerte de tenerlos. El encierro de Ampuero mueve a corredores de todas las partes del país y se consolida como uno de los más importantes y tradicionales del circuito. El recorrido se cuida al detalle y los paisanos te preguntan, nada más llegar, si ya te lo han enseñado y qué te ha parecido. Uno, que no está muy versado en temas de encierros y de festejos populares, empieza a conocer y a descubrir un mundo apasionante que no llegaba a imaginar en toda su amplitud. Es el mundo del juego con el toro al estilo tradicional, de correrlo, de recortarlo, de jugar con él de manera altruista. Hay todo un circuito dedicado a ello y un montón de aficionados que se mueven en él por amor al arte. Se conocen entre ellos, se ven en los distintos pueblos de tradición de encierros, organizan sus cosas en sus pueblos y se preocupan de estar al día de todo cuanto sucede. Es gente que siente un amor importante por el toro y que lo demuestran en una faceta que también queda incluida en lo que denominamos Fiesta Nacional o Fiesta Brava o simplemente Fiesta. Porque al final todo es lo mismo, el trato con el toro, ya sea a capa y espada, cara a cara y con el pecho por delante, ya sea a base de correr en su cercanía, de conseguir buenas carreras en la cara o de citar al bicho a cuerpo descubierto para quebrarlo después con gracia y garbo, siempre con valor.
En Ampuero uno se introduce en el mundo de lo tradicional y ancestral. A nadie le cabe duda de que los primeros contactos con el toro surgieron de esa manera, a base de carreras para conducirlo a donde se quisiera llevar, a base de recortes cuando el rito empezó a tener un aspecto lúdico. Y lo que más llama la atención es que haya tanta gente en ese mundo, que haya tantas y tantas personas que todavía disfrutan con el trato directo con el toro, con la tradición que ello significa y que todo ello continúe en conjunción con el rito y con la fiesta. Y todo de manera altruista, por el mero hecho de pasar un buen rato. Es la esencia de todo.
Compartí conferencia con Alberto de Jesús, director de la revista Bous Al Carrer que ustedes conocerán porque durante mucho tiempo su logo ha sido motivo de publicidad de nuestra cabecera. De Jesús habló de las diferentes tauromaquias y del festejo popular, de la proyección que está teniendo en toda España, de la manera de calar en los jóvenes y del futuro que le espera a todo esto. Yo hablé de los toros en la sociedad del S XXI. y posteriormente se realizó el coloquio. Una gran cantidad de aficionados al toro, en todos sus aspectos, disertaron sobre nuestras ponencias en un ambiente agradable. Se trató el tema del recorte, de la notoriedad que está adquiriendo y de lo que será su inmediata profesionalización. El recorte es algo tendente a impactar en cuotas altas. Quizás incluso a despertar más interés que la lidia ordinaria. En estética, el oficiante, vestido con un chándal, que es una prenda más actual que un vestido de luces, y unas zapatillas de deporte, prendas con las que la juventud se siente identificada, es más moderno que un torero; las acrobacias que realiza también son más del momento que la seriedad hierática del toreo; la emoción por tanto es muy grande y para colmo no hay muerte visible del animal.
Me niego rotundamente a crear una confrontación entre una práctica y la otra. Ambas son resultado de nuestro amor al toro que es el motivo común. Ambas merecen un desarrollo, un lugar, un reconocimiento y un análisis artístico. Sería muy feo que una se comiera a la otra y muy triste. Pero hace tiempo que vengo pensando que el toreo de lidia ordinaria se ve amenazado por el recorte por las características que éste tiene, las que he citado arriba. En Ampuero y en la charla de sus gentes uno entiende que hay sitio para todos y que ahora debe haber también, amor hacia todo lo que con el toro tenga que ver.